Irreversible – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

La obsesión empezó ante esa hermosa caja con el moño rojo. Valeria tenía 4 años cuando llegó a sus manos. Era un regalo de su padre. El padre que era su dios hasta ese día, el padre que la amaba y no la volvió a ver nunca más. Dejó tras de sí esa caja del gran moño rojo. Todo era mágico ese día. Y la niña abrazó esa caja dorada y la abrió ilusionada. El ser más bello la miraba vacío atrapado en el plástico. Era una muñeca rubia, perfecta, de dimensiones más allá de la lógica humana. Ojos azules y grandes, labios carnosos, sedoso pelo casi blanco y largo, una cintura de avispa, elegante figura curvilínea en puntitas. Una simple y común Barbie llegó como satán a colarse en la psique de Valeria para definir su destino y su vida.

El padre desapareció, la madre la crió sola y como pudo en una clase baja ucraniana, sobreviviendo. La niña creció sabiendo que la belleza era un refugio y una oportunidad para una vida mejor. La madre era hermosa y aunque la niña no era una Barbie,  era bonita… para cuando cumplió sus 14 años ya tenía muy claro quién o cómo debía ser. Su transformación empezó allí. Cada día de su vida se dedicó a mimetizar esas características perfectas de la muñeca del moño. Empezó matándose de hambre, haciendo mucho ejercicio, pasaba horas frente al espejo ensayando con el maquillaje para conseguir parecerse un poco más a la diosa de la caja del moño rojo. La edad y las posibilidades, y un extraño apoyo de su madre, provocó que la adolescente entonces se echara un clavado a las cirugías plásticas: agrándenme los ojos, disminuyan mis mejillas, afinen mi nariz. Quiten una costilla o dos, y si es necesario, algún órgano sin el cual pueda vivir. Los ovarios, la matriz, no tendré hijos nunca, Barbie nunca los tuvo. Auméntenme el busto, afinen mi cadera, alarguen mi columna y mis piernas. Algunas operaciones viables y hasta podrían pensarse, racionales y otras absurdas y riesgosas.

Su vida corrió peligro, pero la libró. El monstruo había logrado su cometido.  La mujer de 31 años miró a la muñeca de la caja dorada del moño rojo en el espejo. Le había costado mucho, pero lo había logrado. Valeria era la imagen exacta de proporciones imposibles, los ojos inexpresivos y hermosos de plástico le pasaron la factura a su mente. Decidió que para estar en forma se volvería “aireriana”, una muñeca perfecta sólo necesita de alimento aire. Ningún ser humano puede sobrevivir sin comida y agua… eso probaba que ella era especial: ¡de venus! Un hermoso alien perfecto cuyo padre jamás la abandonaría…

—¡No sé por qué, no me tratan como un ser humano! —Se quejó entre lágrimas la “barbie humana” en la última entrevista que concedió antes de morir… su cuerpo simplemente dejó de servir.

 

 

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