Ira, rabia, gula, tú – @KalviNox

Kalvi Nox @KalviNox, krakens y sirenas, Perspectivas

Hay veces en que dos personas están hechas el uno para el otro, pero en mundos separados que no pueden coincidir. O que no quieren.

Dime, dime que no has pensado alguna vez qué sería de tu vida si hubieses acabado con esa persona que siempre has deseado, y por alguna razón, nunca has conseguido.

Se nota la afinidad con alguien, sí, se nota. Es algo que no se puede explicar, una fuerza extraña que te hace abrirte sin miedo a alguien como si te conociese de toda la vida. Y es recíproco. En cada día a día, en ese roce que producen las pequeñas cosas cotidianas que hacen que te conozca alguien, poco a poco. Ese alguien.

Vas viendo su interior, sus frustraciones, ese deseo interior, esa rabia contenida que tan bien conoces. Porque compartes todo eso, lo vives, sabes de lo que te habla. Y también notas su interés por ti, aunque sabes que no puede ser.  Lo sabéis.

Tu mundo y su mundo están demasiado lejos tras un océano lleno de deberes, obligaciones y por supuesto, una rutina impuesta por un contrato social, más que moral. Resulta casi descabellado pensar en saltar todas esas líneas a cruzar.

A veces pasa, otras se queda simplemente en deseo y ganas. En un sueño.

En esas noches en que sales y coincides, le ves de lejos, besando unos labios por compromiso, el mismo que ve en ti, al verte junto con quien te lleva de la mano. Son miradas fugaces, pero, joder, cuánto dicen. Esos ojalás en cada parpadeo, mirando hacia otro lado para no despertar sospechas. Y vuelta a mirar.

Sí, te estoy mirando, voy acompañado. Y tú. Y qué.

La paciencia se ahoga con deseo y tú y yo nos deseamos. Nos lo decimos, de lejos. Me dices que debería estar donde está quien hay a tu lado, y sabes que te estoy diciendo lo mismo. La mirada más fea entre dos personas es sin duda, la del conformismo. Mala hora para la ética y la conciencia cuando seríamos capaces de destrozarnos a besos y a todo, aquí, y ahora.

No sentimos celos, es envidia ─volvemos a decirnos con la mirada.

Qué bien se guardan las formas de lejos. Se palpa el morbo de que alguna de nuestras parejas se dé cuenta. Ese miedo a que se derrumbe ese mundo que hemos construido a base de resignación.

Y aquí seguimos, viéndonos de lejos, haciendo como que nos interesa lo que nos dicen o pasa, mientras cada mirada fugaz nos imagina a ti, y a mí. Lejos, juntos.

Sé que mañana nos veremos, coincidiremos como cada día en nuestra rutina diaria, nos sonreiremos y sin apenas palabras, nos lo diremos todo. Asumiendo nuestra cobardía, esa prisión que no se ve, pero que los dos conocemos.

Nos diremos con la mirada: ira, rabia, gula, tú.

 

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