Intentarlo hasta fracasar – @GraceKlimt + @_soloB

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“…y al final
te ataré con todas mis fuerzas
mis brazos serán cuerdas al bailar este vals
…y al final
quiero verte de nuevo contenta
sigue dando vueltas si aguantas de pie”

—…Y al final— Enrique Bunbury

 

Subo la música. Acelero. La subo más. Acelero más. Enciendo un cigarrillo, doy una calada larga, dejo salir el humo despacio formando dibujos, y vuelvo a subir la música de nuevo. Y vuelvo a acelerar. Tomo la salida de la autovía sin frenar, y bajo la ventanilla. El aire me alborota el pelo y despeja mi mente. Soy el puto Dios del mundo. Lo grito. Lo grito tan fuerte que tapo con mi voz la música que estalla en los altavoces. Pego la última calada al cigarrillo, y lo dejo caer por la ventanilla. Lo veo dar saltitos ridículos en el asfalto a través del espejo retrovisor. Palpo mi bolsillo, la pistola está en su sitio. Cargada. Lista. Dispuesta. Freno bruscamente, y bajo la música. Oigo ruiditos en el maletero. Está gimoteando. Perfecto. Siempre hacen lo mismo, primero se resisten, luego lloran, después suplican, y por último todas acaban ofreciéndome lo que yo quiera. Idiotas. Lo tengo todo. Todo. Menos a ella. Y si ella no está, ellas sobran. Sólo son copias obscenas de la única perfecta. Me toco la entrepierna y noto cómo me empalma su miedo. Soy el puto Dios del mundo, grito otra vez seguro de que me escucha. Subo la música. Acelero.

 

Eres el puto desastre hecho persona. La música quiere ahogar tu voz interior pero no lo consigue la muy hija de puta. Tienes las pulsaciones a 140 por minuto. Ha sido solo un recuerdo: su olor.

Acabo de olerla. He retrocedido trescientos ochenta y siete días. Mi nariz enredada en su pelo. Me he puesto cachondo y a la vez quiero gritar, llorar, dar un volantazo y matarme de una vez. Eres gilipollas. Un auténtico gilipollas. Lo tenías todo. La tenías a ella. Ella era el perfecto caos en el cuadriculado mundo que te has creado. Ella era el latido y tú la voz. Juntos erais mar. Ella era hermosa y tú has sido el gigante que con una patada la has echado de tu lado. Y haces que no te importa. Nada te importa. Ella no existe ya en tu vida. Solo está en un rincón de tu corazón para siempre. Cojo aire. No hiperventiles —me digo—.

Fracasado. Fracasado, inútil, fracasado, pringado, fracasado, mierda, fracasado, fracasado, fracasado, fracasado. No tienes escapatoria, no puedes huir ni esconderte de mí. Vivo en tu puta cabeza. Jódete. Grita todo lo que quieras, cierra los ojos, no importa. Sigue acumulando dinero, éxito, casas, lo que sea. Eso no va a llenar tu vacío. Nunca podrás reemplazar lo único que amaste. No tienes donde escapar. La verdad te escupe, y yo seguiré martilleando tu mente para que no lo olvides nunca. Puedes seguir intentándolo sin descanso. No vas a conseguir perdonarte jamás. Acelera. Acelera todo lo que quieras. Sigue subiendo la música. Más. Un poco más. Saca a la chica del maletero. Apúntale a la cabeza como a las otras. Siéntete Dios por un rato. Volverás a casa llorando. No eres nadie. No tienes nada.

Creo que me vuelvo loco. Loco de tu ausencia. Ebrio del recuerdo de nuestros besos. Golpea con fuerza. Oxímoron para el corazón, puto poeta. Solo tienes dinero, otra mujer, otras mujeres, fama, yate, físico, altura, amigos que son colegas. Mis manos sienten celos, mi lengua, mis ojos, mis brazos que ya no te rodean. Tu cuerpo estará en labios de otros. Y tú… tú, clavada en mi pecho.

Sube la música. Los bafles van a estallar. Vamos. Inténtalo. Fracasa una vez más.

 

Calla, joder, calla, calla, cállate. Se acabó. Fin del trayecto. Aparco en el arcén y salgo del coche tambaleante. Cojo la pistola, abro el maletero y disparo al bulto inmóvil y asustado sin pestañear. Al fin silencio. Le quito la bolsa de la cabeza, necesito ver la expresión de terror en sus ojos, me alimento de ello. Se me corta la respiración, esos ojos, joder, esos ojos son sus ojos, es ella, no puede ser, pero es ella, ¿cómo no la reconocí?, era de noche y yo estaba borracho y enfermo de rabia, pero no puede ser y en cambio es, ahora recuerdo que en algún momento me pareció que gritaba mi nombre, esto es ridículo, esto es una mierda. Fracasado, pienso, y me río histérico. Del interior del coche me llegan las notas de inicio de «…Y al final» de Bunbury, y me parece una broma macabra de lo más perfecta. Mis ojos y mis manos se cruzan. Aún quedan balas. Apunto a la sien. Tal vez, al final, por una vez, no fracase.


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