Instinto Animal – @GraceKlimt

GraceKlimt @GraceKlimt, krakens y sirenas, Perspectivas

“También hay mucha belleza en las bestias”
@blackmambossy

Son las 23.48h del jueves día 6 de octubre de 2016. Se me cierran los ojos y aquí estoy, escribiendo. Ya veis.

Pero no era esto lo que yo quería deciros. Os quería hablar más bien de aquel día en que decidí morir. No sé si lo recordáis, bueno, no importa, el caso es que una mañana gris, a eso de primera hora, decidí morir. Escribí un te quiero precioso de despedida y me maté. No os voy a volver a contar toda la historia porque ya lo hice en su día y no quiero ser pesada. Solamente resumiré diciendo que estuve muerta unas horas, y entonces, cuando ya me estaba acostumbrando a mi recién estrenada no vida, me hicieron resucitar de una hostia a mano abierta de realidad.
Y es que hay veces que por mucho que quieras desaparecer, no es tan fácil. O bueno, que igual no quieres morirte del todo, sólo un ratito. Fue todo muy tremendo, como suelen ser las cosas vistas desde mi dramático punto de vista.

Os pongo un ejemplo tonto de lo que quiero decir cuando hablo de que soy un drama andante, imaginaos una conversación ficticia, entre chico y chica, en A y B, sería así para mí, si no, perdería la gracia:

– Hola, ¡qué sorpresa!- [joder estás preciosa, no has cambiado nada, dame la mano y devuélveme el pulso que te llevaste en el último adiós].

– Cuánto tiempo, ¿todo bien?- [¿por qué no me has llamado?, ¿sabes que sigo llamando al insomnio por tu nombre?, ¿no ves que la vida es una mierda sin ti?].

– Si, bueno, liado, ya sabes…- [por favor no te vayas, por favor quédate].

– Ya… yo igual… nos vemos, cuídate [te sigo queriendo, imbécil].

Vivo en un melodrama, porque hay personas que no somos capaces de vivir en una línea recta, con tranquilidad, en paz. Nos gustan los extremos, los buscamos, vamos a ellos como si fuésemos de hierro y estuviesen imantados. Y yo, personalmente, soy más de dejarme atraer por el dolor. Porque siempre, desde una posición de daño, se puede uno quejar mejor de lo mierda que es el mundo. Los vasos medio vacíos, el eterno agonizar, los corazones sufridores, yo qué sé. Lady drama. Drama queen. Lo que más os guste. Los excesos siempre han sido lo mío.

A veces me refugio en los números. Sí, sí, los números nunca me fallan. Y entonces cuento 13 veces 13, porque el 13, por ser un número odiado, repudiado, y mal visto, al final, es un número mucho más agradecido que por ejemplo el 15, que es la niña bonita, y ya sabemos todos que cuanto más bonita, más tonta, ¿no? El 13 es un superviviente, un luchador, un lobo herido que sigue aullando. El 13 es un poco yo. Así que después de contar, me digo 13 veces que todo está perfecto, piso 13 adoquines sin tocar las uniones, sumo las matrículas de los coches que me cruzo hasta que consigo encontrar la que de 13 como resultado, y mi cabeza, entonces sí, en 13 segundos, se calma. Es infalible. De verdad.

La cosa es que esta mañana, no sé muy bien por qué, igual porque el día está muy gris, o porque para mí es lunes constante aunque casi sea viernes, o porque arrastro resaca desde hace tiempo, o porque echo de menos ciertas cosas, o porque ayer discutí, o por todo junto o por nada en concreto, he estado a punto de matarme otra vez. Pero al final he reculado. Que no sirvo yo para estas cosas de hacerme la muerta. Que no me sale, vaya. Que yo creo que soy más de ir de moribunda por la vida. Joder, no sé. Si es que soy la hostia de insoportable a veces. Y a veces significa el 99% del tiempo. Y lo digo desde mi larga experiencia conviviendo conmigo misma.

O igual es que lo único que quiero es aprender a no juzgarme y sentenciarme culpable todo el rato. Y que por un día me cuiden otros. Me abracen, tampoco mucho, que no me va eso de que invadan mi espacio vital, y me digan que todo va a salir bien, que no me preocupe. Y que yo me lo crea, claro. Ojala un botón de stop para parar las vueltas de la cabeza. Que estoy segura que sin pensar se tiene que vivir de puta madre. Mientras tanto, aquí sigo, agarrándome con rabia a la vida, enseñando los dientes, dejándome las uñas. A lo bestia.

Debe ser cosa de nuestro, menos mal, aún no desterrado del todo, instinto animal. O que he escuchado aullar 13 veces al lobo, y eso, es una señal, colegas.

 

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