Incertidumbre – @sor_furcia

Sor Furcia @Sor_furcia, krakens y sirenas, Perspectivas

Llego a la parada de autobús y en el cartel veo que pone que faltan más de 20 minutos para que llegue el mío. Hace cinco meses que no fumo y es en estas situaciones en las que me muero por un cigarrillo. Me siento en el banco y miro el cartel de la marquesina, que brilla y se mueve, como si de un caleidoscopio se tratase, publicitando JöVo, la nueva aplicación que está revolucionando el mundo.

Cuando la sacaron, hace ya unos meses, nadie se la tomó en serio. ¿Cómo iba a ser posible que una aplicación viniera del futuro?

Según contaron sus creadores en la televisión, supuestamente nos traía mensajes de nuestro yo venidero para ayudarle a nuestro yo presente a tomar decisiones y mejorar así nuestro destino. “¡Ya, claro! Menuda engañifa”, pensé. Y no le di más importancia hasta que, de repente, la gente se la empezó a descargar.

El procedimiento era sencillo. Tenías que esperar a que te llegara un sms a tu teléfono con un enlace para unirte a la comunidad. De entrada, esto ya suscitó mucha polémica, porque quienes no recibieran dicha invitación tenían dos opciones: que su yo del futuro hubiera pasado de participar en el experimento, o que hubiese muerto antes de que se llevase a cabo. Una vez registrados todos tus datos e instalada la aplicación, recibías una serie de mensajes, escuetos, supuestamente escritos por ti mismo (dentro de 10 años) que te daban consignas sobre lo que hubieras cambiado en tu vida si pudieras volver hacia atrás, a hoy. No había pistas sobre los números de la lotería, ni órdenes precisas sobre lo que la gente tenía que hacer para triunfar, pero fuera lo que fuese que dijeran esos consejos, estaban generando una catarsis.

De repente todo el mundo se empezó a volver loco. Mi amiga Leticia, que nunca había querido tener hijos, recibió (entre otros) el mensaje de que se sentía muy sola, y al día siguiente se compró un kit para hacerse una inseminación artificial en casa. Mi ex había cerrado su correduría de seguros y se había largado a Nepal, a llevar una vida más espiritual… En mi trabajo muchos compañeros habían desaparecido sin dejar rastro. En la televisión eran constantes las historias de gente que, “gracias” a esta aplicación, habían decidido dar un giro radical a su vida.

Aunque, como pasa siempre, los programas de cotilleos también empezaron a llenar sus minutos dando voz a personas que estaban en contra de esta nueva moda. Tertulianos defendiendo teorías conspiratorias que aseguraban que detrás de esta aplicación había intereses ocultos de los gobiernos para manipularnos. Videntes diciendo que no nos fiásemos de los mensajes porque sentían fuerzas oscuras alrededor de ellos. Psicólogos analizando que, al fin y al cabo, esos consejos tenían un trasfondo egoísta, pues quien nos los daba lo hacía pensando en sí mismo, ya que aunque fueras tú, no dejaba de ser otra persona… Muy loco todo.

Yo, como me ha pasado siempre con las nuevas tecnologías, me he ido resistiendo a seguir la corriente, no sé si por cabezonería o porque siento nostalgia de todo lo que vamos perdiendo por el camino a causa del progreso. Así que todavía no me la he descargado.

Enciendo mi teléfono, voy a mis mensajes y veo la invitación para unirme a la comunidad. Todavía quedan 6 minutos para que venga el autobús y la tentación de pinchar en el enlace es muy fuerte. ¿Qué me diré? ¿Seré feliz? ¿Me daré buenos consejos? Pero, si me dejo guiar por ellos ¿Qué gracia tendrá vivir, si no soy libre de tomar mis propias decisiones sin que la aplicación me condicione? ¿Dejaré de ser la dueña de mi destino? Pero ¿y si no la descargo y realmente me ayudaría lo que en ella me digo? Porque, al fin y al cabo, soy yo intentando ayudarme a mí misma… Eso no puede ser malo ¿no? ¿o sí? ¿Y si no me caigo bien en el futuro… para qué me voy a hacer caso? ¡O peor! ¿Y si me hago caso y la cago todavía más? Porque si hago caso de los mensajes de mi yo futuro, entonces, al tomar otras decisiones, quizá mi yo futuro deje de ser quien es y sea otro… y entonces ¿me mandará otros mensajes diferentes? ¿Terminaré volviéndome loca yo también?

Empiezo a darle tantas vueltas al asunto que acabo cabreándome ¡No sé qué hostias hago ni siquiera planteándome entrar en ese juego absurdo! Vuelvo a encender el móvil, voy a Google y entro a futureme.org. En esta página puedes enviarte un email a ti misma y que te llegue dentro del tiempo que tú elijas. Relleno los recuadros con mis datos, deseando que de aquí a 10 años no haya cambiado de dirección de correo, y escribo “¿A que no lo he hecho tan mal, eh? Hijadeputa”. Lo envío, borro el mensaje de JöVo, y guardo el teléfono en el bolso mientras, por fin, veo que a lo lejos se acerca mi autobús. Pero me levanto y decido ir paseando.

 

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