Hotel Marion – @Patryms

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“Solo soy perchero de mi propio sombrero.”
(Jorge Bucay)

 

Desde la ventana del hotel no se ve la ciudad. Bueno sí; si miro al cabecero, la pared está escondida tras un vinilo de rascacielos y luces encendidas. Es una habitación pequeña y minimalista. Cortinas lisas, cama de 1.50 con almohadas dobles, una cómoda de tres cajones y un escritorio a pie del ventanal. Todo conjuntado en tonos azules, grises y blancos a juego con el baño.

Cambié el billete de ir a verte por una maleta sin tacones, ocho horas de autobús y un hotel low cost en una ciudad donde nadie me conoce.  Ya casi se me han olvidado las horas de mar y se me han terminado las provisiones de ropa limpia, los planes con media hora de antelación y las excusas para escribirte.

Supongo que como tú te fuiste muchas estaciones más allá, te ha dado tiempo a mirar por la ventana y distraerte. Quizás alguien haya ocupado el sitio vacío a tu lado y no te has preocupado de memorizar el camino, acordado de contarme qué tal estás o parado a pensar en una canción para nosotros.  Yo apuro mis restos recordando que se me olvidó decirte que soy una buena mentirosa. Que en todo aquello que dijimos y de lo que nos reímos había un susurro que he ido alimentando con cigarrillos de después de despedirnos, fotografías y buenos días.

Hacer hora y combinar la última ojeada con un par de confesiones al azar no parece tan mal plan. En cierto modo, como no me gustan las despedidas, voy a dejar que sea la mano alzada la que baile una vez más contigo y te diga adiós mientras hace de dos formas distintas las aes.

Después dará igual donde acabe lo dicho de todo lo que no voy a contarte. Demasiado arriesgado como indirecta y muy directo para enviártelo. Lo dejo aquí, en esta habitación de paso, como yo, sonriendo y mintiéndome asegurando que si me preguntan, sabré convencernos de que no es para ti.

Toca abrirle la puerta de una vez por todas a Septiembre. Reagrupar los pedazos, sacarle punta a los lápices y convencer a los zapatos de sacudirse el polvo que hay mucho por hacer. Es hora de cerrar las cremalleras, pagar la cuenta de haberse dejado llevar y volver. Recoger aquí fuera, llegar a casa, hacer como que me olvido de ti y desparramarlo todo otra vez.

 

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