Historia breve de nuestros fracasos – @LaBernhardt

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Nunca he contado un cuento a un muerto y no sé cómo empezarlo. Todo suena absurdo pero si he de elegir un comienzo, creo que Hola, Pepe, me vale. Nos vale.
Podríamos haber hablado contigo en cualquier otra parte, estarás pensando. No es que te gustara mucho el tema muerte, cementerios y demás. Lo sé. Lo sabemos. Tampoco te gustaban en exceso los bares, así que ir a brindar por tu cumple -sin ti- allí, pues también quedó descartado.
Sucede, Pepe, que si nosotros pudiéramos elegir un lugar para hablar contigo, sería la rebotica. Ojalá ese sitio, intacto, para ir a sentarnos contigo, sin ti. Como ya no está ese huequito en el mundo, hemos venido aquí, que fue el último sitio donde estuvimos todos juntos. Pongamos que no es un panteón, Pepe, pongamos que es una estación de tren. Que hace 17 años te vinimos a despedir en este andén, que hoy te has podido escapar un poquito y hemos quedado aquí, en el mismo lugar, entre trenes y con la vida corriendo, para contarnos qué ha sido de todo y de todos después de ese día de abril.
Hace 100 años que naciste y yo no voy a contar lo que viviste, te contaré, si te parece, lo que pasó después de ti.
El mundo siguió caminando, Pepe. Qué putada cuando te fuiste porque yo necesitaba llamarte, como cada tarde, y no estabas al otro lado.
Nos costó no contarnos tus recuerdos sin llorar. Curiosa, la muerte, que se lleva a quien queremos y arrastra a un agujero negro lo regular que hemos podido vivir con ella. Sólo nos queda lo bonito y lo jodido de saber cuántas cosas ya no haremos juntos.
Te voy a contar cosas bonitas e improbables y mágicas, recuerdos borrosos, breve historia de nuestros fracasos, cosas que nunca te dijimos porque ya te habías ido. La tarde que te fuiste, nos encontramos Adelita, Leti y yo a mi padre saliendo de vuestra casa. Estaba triste, Pepe. Salía de tu casa y estaba triste. Eso me sobrecogió. La abuela, qué cosas, me dijo: “cuánta vida se nos queda dentro cuando alguien se va”. Y yo, que entonces no tenía iPhone, apunté esa frase en una caja de Nolotil que había en la encimera de la cocina y todavía la tengo, guardada en mi vida.
Se fue mi padre unos años después, la abuela, el tío Francesc. Se me fue mi Barney. Se fue Maya, y no pudimos abrazarla. Tenía tanta prisa por subirse en otro tren, Pepe. Es rubia y preciosa, como Leti. Igual os habéis cruzado en otras estaciones de paso. Ojalá que sí.
Jose también se fue, Pepe. No, no lo busques entre trenes, que no está muerto. Nos divorciamos; gran fracaso el mío: primer divorcio en tu familia. Tuvimos dos hijos preciosos; Viole y Mario. Te reirías con ella, es más adulta que yo. Y Mario, un desastre, pero con corazón gigante.
Se casó Leti con Alberto. Qué boda más bonita. Se hizo un esguince esa noche, qué putada más tremenda. La adoro, como siempre te decía. Y tú me contestabas: “ay, qué ojos pones cuando hablas de tu hermana, gitana”.
María se casó con David y fue una noche increíble, Pepe. El Cañón parecía un cuento de hadas. Qué guapo estaba el tío Paco. Y la tía Ada, qué guapa también, ¡que se compró el vestido 24 horas antes! Cuánto nos hubieras reñido, “¡estáis locas!”, habrías dicho si nos hubieras visto salir corriendo en busca del vestido del traje de la madre de la novia.
Paco y Joaquín se han hecho muy mayores, Pepe. Un día de estos, nos dirán que se casan o que tienen hijos u otra locura de esas que hacen los mayores y yo no me lo creeré. Paco se sigue acordando de cuando te tocaba la calva mientras veías al Barça. Pepe, el mister llegó a ser Luis Enrique, flipa.
Adelita viaja millones, Pepe. Y se encontró a Vicente, que la quiere otros millones. Y está tan guapa. Tanto.
Carmen y Elenita ya no son las niñas que conociste, han crecido tanto y son tan preciosas por dentro y por fuera. Estarías orgulloso de ellas. Carmen será farmacéutica, como tú. Me dice que un día, cuando tú estabas malito, te preguntó a qué sabían las pastillas y tú le contestaste: “¿y el agua? a nada, ¿verdad? Pues a eso saben”. Pastillas… sois unos farmacéuticos. Y si vieras a Chito, qué pedazo farmacia tiene. Qué bonita es. No está donde la tuya, y yo sé que dejar atrás ese sitio le debió costar mil. Era empezar sin ti y sin tus paredes. Fueron años difíciles y llenos de fracasos pero los fue saltando y qué bien lo hizo.
La tía Pepa se ha convertido en una jefa de las subvenciones y de la agricultura, es como Ángela Channing, pero en hada buena.
Y la tía Tormento sigue igual de mandona y de cuadrada. Vive en una casa preciosa, la casa de la tía Amalia. Sigue volviéndose loca con mi caos de vida. Pero creo que me quiere mucho.
Luchamos todos, Pepe. Luchamos por seguir cada día. Por no meternos grandes hostias, para que los fracasos no se nos queden mucho tiempo en la piel. A veces nos sale bien y otras, no tanto.
Sé que un día te escapaste y viniste a ver a Leti, en sueños. Cada vez que Leti lo cuenta, me hincho a llorar, que de bonito.
Qué suerte la suya, que te vio tan guapo y tan joven y tan feliz.
Ay, ¡que mira qué horas son y yo aquí sin dejar de contarte cuentos! corre, Pepe, te espera tu tren. No queremos que llegues tarde a Siempre.
Antes de irte, queremos que sepas que te queremos. Hay que decirlo, decirlo mucho y siempre. Los Te quiero no pueden quedarse en un andén.
Te queremos tanto, todo.
Te queremos siempre.
Nos vemos en sueños, Pepe.
Cuida de nosotros.

 

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