Ha muerto Dylan – @Macon_inMotion

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Querida hermana:

Espero que todo vaya bien por Allí. Considerarás absurdo que te siga escribiendo cartas pero es la única manera que tengo de poder comunicarme contigo. Ten en cuenta que donde estás no hay cobertura, ni wifi ni ninguna otra cosa similar. Por aquí todo sigue cambiando poco a poco. Empieza a hacer demasiados años desde que te marchaste y el barrio se está modernizando a marchas forzadas. ¿Recuerdas la vieja pescadería de calle abajo? Pues ahora es un Starbucks, una cafetería donde van los modernos. Bueno, si te soy sincero, yo suelo ir también de vez en cuando. Asfaltaron el callejón de las canastas y tiraron el muro de ladrillo de detrás. Hay gruas por todas partes. Echo de menos el barrio tal y como era. Joder, te echo de menos a tí. Los viejos están bien, cada vez haciéndole más honor a esa denominación. Mamá tiene el pelo completamente blanco y papá le dice que no se queje, que al menos ella tiene pelo. Eso sí, las enormes patillas, sigue teniéndolas. Hay cosas que no cambian.

Ah, por cierto… tu amiga… aquella rubia de gafas de la que no te separabas… ahora no recuerdo su nombre. Bueno, seguro que sabes quién te digo. Tuvo un hijo hace un par de semanas. Es absolutamente igual que ella. Imaginé que te gustaría saberlo. Y hablando de niños, tus sobrinos son unos auténticos salvajes. Al mayor el otro día tuvieron que escayolarle el brazo porque se cayó del árbol del farmaceútico y se lo partió. Te seré sincero, no pude enfadarme demasiado con él, recuerda que a mí me pasó lo mismo cuando tenía más o menos su edad.

Tengo que contarte algo importante, el verdadero motivo de esta carta. Te lo voy a decir sin rodeos (como si no llevase ya dos folios… no tengo remedio, eh). Bueno, ahí va: Ha muerto Dylan. Llevaba enfermo ya un par de años y ultimamente no era el mismo, estaba practicamente ciego y apenas podía andar, pero aún así se acercaba todas las mañanas hasta tu cama, a ver si habías vuelto por la noche. Lo encontré esta mañana acurrucado donde solías dejar tus zapatillas y en cuanto lo ví, lo supe. No me hizo falta tocarlo. Lo único que me alegra de ello es que ahora, despues de tantos años, podrá volver a estar contigo, como cuando era poco más que un cachorro y los tres nos pasábamos las tardes de verano corriendo de un lado a otro, enredando por el barrio.

Cuídalo bien, hermana.

Te quiero.

 

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