Gilipollas – @Imposibleolvido + @reinaamora

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Querido Gilipollas:

Hace tiempo que llevo pensando en escribirte unas letras, básicamente por desahogarme, necesito sacar todo esto de dentro y quién mejor que tú que lo provocas. Tres meses sin vernos. Tres putos meses completos sin saber nada de ti… ¿Me echas de menos?, ¿hasta qué punto?. Voy a exprimirte las respuestas a base de preguntas incómodas.

¿Piensas en mí?, ¿con qué frecuencia?… ¿dos o tres veces al día, como cuando pensábamos juntos? ¿Sigues guardando el bote de lubricante en el cajón de la cómoda? ¿Aún compras mi favorito?, vamos, sé valiente y contéstame con las tripas… ¿Sigues imaginándome a mí en otras pieles?, vale, me calmo, perdona…

Hace más de tres meses que no nos vemos. Por temas de trabajo, por falta de tiempo, por dejadez, podemos poner la excusa que mejor nos cuadre cada uno pero la pura verdad es que nos damos miedo mutuamente. Miedo a amarnos sin remedio, miedo al compromiso, miedo al dolor, miedo a necesitarnos. Tú lo sabes y yo lo sé. Esto hace tiempo que dejó de ser una relación esporádica de meros encuentros sexuales para convertirse en una droga. Un vicio. Una necesidad vital. Un ansia viva. Joder, es pura magia. Encuentros físicos que se follan el alma en cada encuentro. Demasiado bestia para vivirlo con normalidad. Demasiada energía sexual atrayéndose hacia el abismo.

Mi marido hace tiempo que sospecha de mi ausencia total de interés. Odio su mirada lastimera sobre mí. Me pesan sus caricias pesadas y mecánicas. Me duelen sus gestos de dolor al ver que no es recíproco, pero ya no hay vuelta atrás. Es tan honesto que aún cree que el matrimonio puede con todo. Miro a mis hijos y se me parte el alma en dos pero mi marido empieza a pesarme como hormigón… Si tuviera el valor de hacerle daño también a él le haría muchas preguntas: ¿Por qué sigues buscando mi mirada?, ¿por qué sigues trayendo flores los domingos con tu periódico?, ¿por qué no dejas de buscarme por las noches en la cama?, ¿por qué sales de la habitación disimuladamente cuando suena mi teléfono?, ¿por qué dejas que siga engañándote los fines de semana y no me montas una escena? Ojalá abriera los ojos porque no me apetece pasear de su mano, me sobran sus canciones de Sabina vía whatsapp, me enervan sus constantes muestras de cariño, pretende que sea sincera con él pero niega la evidencia: no lo quiero. No, te quiero a ti, gilipollas. Si no me diera tanto miedo hacerle daño, destruir todo lo bello que habita en él, romper su vida en dos, lo haría, le preguntaría todas esas cosas y me iría de su lado. Lo haría si fuese una buena persona, si fuese una mujer fiel, una esposa… pero no lo soy. Soy todo lo contrario. No soy así con él. Que me perdone Dios si es que existe pero no lo quiero.

Y tú, gilipollas profundo, vives instalado cómodamente en mi cabeza desde que no nos vemos.

La forma en que susurras en mi cabeza cuando no te tengo cerca, los segundos de lento transcurrir que parecen fusionar un instante lo eterno, esa eternidad en la que estaría follando contigo… La música que veo en tu polla, esa que tocas y yo bailo. Me encanta cómo me haces perder el sentido, cuando lo único razonable que se puede hacer es volverse loca, desatarse… mientras estás dentro de mí. Ahí está, siempre rítmica, danzando en mi mente y en mi boca. Es difícil no tenerte en cuenta, ni a ti ni a tu puta polla. Tus ojos, tu mirada ya es bastante para que pierda la cabeza cualquier zorra que entienda de gallinas. Pero no. No te tienen, J. no tienen lo que yo tengo de ti.

Quiero quererte y que me quieras. Ojalá despertases. te veo bien cuando estás dentro, deseándote cuando no lo estás. No te suelo imaginar con otras, entre encuentro y encuentro entre nosotros nunca te he imaginado en otras camas. No siento celos, simplemente sé que con ninguna otra  puedes compartir lo que compartes conmigo. Es imposible.

Es curioso ver cómo el eco de tu placer se convierte en algo palpable cuando espero tu llegada en la forma en que me cantas cuando te desnudas y te dejo danzar dentro de mí. Tus ojos, suplicando más, tu mano en mi nuca acompasando mis movimientos, marcando el ritmo en el que quieres que baile contigo en mi boca.

Te deseo, sigo deseándote. Y aún eligiendo yo cuándo, cómo y con quién siempre elijo tu música, esa que sólo tú sabes tocarme y la forma en la que tú me haces danzar.

Sí, quizás debería odiarte por todo esto que provocas en mí, esta manera loca de excitarme, este deseo que quema, esta desazón en mi estómago. Eres un gilipollas por no venir a por mí. Gilipollas profundo. Muy gilipollas.

 

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