Generación perdida – @JokersMayCry

JokersMayCry @JokersMayCry, krakens y sirenas, Perspectivas

Escrito con @Moab__

¡El sol, “turbia farola, campana enferma”, que desangra su luz atroz en forma de eyaculación precoz de esperma muerto en un horizonte lejano… o en un destino que siempre acaba por alcanzar a la vida, pero ya se oye el eco de la voz a ti debida, ya se acerca… “El paisaje es un silencio con forma” contaminado por el rugido del motor de la camioneta que lo trastorna. Tal vez sea el frío aliento que brilla en la guadaña de una sonrisa de la calavera de un Cristo, o ese corazón artificial herrumbroso con alas de metal y pies de caucho desgastado, pero su cuerpo tiembla y tiene en sus pupilas “cien jinetes enlutados” perdidos en el “laberinto de las cruces donde tiembla el cantar con siete ayes clavados”. Su gesto… o su espanto tomando arrugas en el rostro, papel para el que será el manual de espumas de sus lágrimas calladas escribiendo un romance de la pena negra, “pena de cauce oculto y madrugada remota”. Y no alza la mirada a Dios por si es “asesinado por el cielo” entre los gritos de los hijos de la ira, ni baja la mirada por no descender al infierno donde habite el olvido. Tan sólo mira al frente, a un tiempo presente que le consume la mecha, es la desolación de la quimera de piedra que se desgasta y se quiebra entre los botes de la camioneta que le zarandea, enlutada de la sangre derramada y con triste traqueteo, ¡danza de la muerte!, le conduce a la cuneta que no «conoce el toro ni la higuera» entre cantos y oscuras rocas donde la luna ya no asoma. «Y recuerdo una brisa triste por los olivos» al detenerse el infame carro de acero en infierno deslustrado. Y el lagarto está llorando entre la alta hierba de fuego, junto a la fuente derrama amargas lágrimas, rayos de luna nueva, cuando desciende el pálido hombre de letras «con toda su muerte a cuestas». Mira al horizonte, «buscaba el amanecer y el amanecer no era» sino la luna sangrando fuego que se enseñorea de una pertinaz noche negra en la que se esconden hasta las estrellas. Camina con la indiferencia de aquellos que llevan arrastrando las cadenas de los sueños, de las ilusiones, de «la tristeza que tuvo tu valiente alegría», de los amores, de vibrante poesía…
Lleva en la mirada el reflejo del acero que le encañona, pues «no se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca», ni los cerró esperando la embestida de los proyectiles, ni escuchando a la ignorancia que en forma de voces huecas le llamaba «marica». «Bailaba el viento un vals en las ramas» en el momento de cargar al hombro las armas y sólo dos palabras enredadas en la brisa rasgaron entonces el silencio de esa triste madrugada de matices violáceos y leyenda negra como las patas de una araña.
-¡Apunten! ¡Fuego!
Truenan los disparos «como una lamentación de la muerte» entonada por los dioses del Averno retumbando en roja campana de bronce «por el arco roto de la medianoche» mientras «una cabeza de cristal sangra sobre la hierbabuena» dejando huérfanos a la libertad, el arte, el amor y las letras…
«Mientras clamaban las luces» del alba tímida, blandos relojes de gastado tiempo chorrean minutos inconclusos sobre la áspera tierra, detenidos en el momento en que fanáticas balas atraviesan su pecho, su corazón y su cabeza, que rebota contra el innombrable suelo que será su morada para la eternidad, desparramando recuerdos de una vida plena truncada por el frío plomo de la necedad.
La sombra de la figura traidora se alarga en hoja de cuchillo, abusando del suelo con su color de pólvora en el filo, al abrir la puerta del bar con sus manos manchadas de castigo. Exhibe su rastrera hazaña como si hubiera ardido Troya, su épica cobardía, clama el trofeo de la muerte que ya siempre olerá a cebolla. Se abre, se abre la flor de la tristeza a medida que pasa el bisturí del dolor sin delicadeza a través de los ojos que miraban al café por no ver al asesino.
-Hemos matado a Lorca. Yo le he metido dos tiros en el culo por maricón.
Y en una tumba sin cruz ni nombre yace Lorca, adalid de la tierra yerma, la mujer libre y el cante jondo, padre de Bernarda, de Mariana y de Perlimplín, estandarte de una generación perdida, de todas aquellas dulces almas enterradas en fosas abigarradas de marchitas esperanzas evaporadas de cuerpos destrozados enredados en un último y macabro abrazo sin amor.
Los huesos se pudren, el aliento del alma se exhala en forma de niebla, pero siempre quedan los nombres que el tiempo no pudo borrar.
Aquí, yace Lorca. Muerto por el odio. Muerto por amar.

<>.
(Gerardo Diego, “En mitad de un verso”)

Puedes seguir a @JokersMayCry y en Twitter y visitar su perfil en la taberna

Puedes seguir a @Moab__ y en Twitter y visitar su perfil en la taberna