Frente a un cuadro de Renoir – @martasebastian

Marta Sebastián @martasebastian, krakens y sirenas, Perspectivas 0 Comments

La tarde agonizaba en París, una suave lluvia recorría sus calles y la gente se apresuraba por volver a sus casas después del trabajo. Todo el mundo corriendo. De un lado para otro. Enfilados. Sin mirar a su alrededor. Perdidos en su propio mundo, perdidos en su propia realidad… perdiéndose la propia vida.

Y mientras tú y yo. Refugiados en ese pequeño rincón. En ese pequeño paraíso. En esa vieja estación rellena de vida, rellena de luz, rellena de color… y en ese momento era mucho más. Era nuestro refugio.

Rodeados de turistas, de estudiantes de arte, de futuros artistas buscando inspiración… Ahí estábamos tú y yo. Como si fuera nuestra primera cita, como si no nos conociéramos de tantos años, como si no hubiéramos superado la distancia, la separación, las peleas y la rutina. Sí, esa rutina de la que nadie habla y que tanto puede destrozar una relación.

Y ahí nos encontrábamos, tantos años después, frente a un cuadro de Renoir como si fuera nuestra primera cita. No. No era como nuestra primera cita. Era mucho mejor. Porque nos conocíamos. Porque conocíamos las virtudes y los defectos del otro. Porque no nos teníamos idealizados. Porque no teníamos que aparentar ser mejores de lo que eramos. No teníamos que fingir que todo nos gustaba del otro. No. No era como nuestra primera cita. Era mucho mejor. Frente a un cuadro de Renoir, hablando sobre arte, sin necesidad de hacer creer al otro que sabíamos más de lo que realmente sabíamos. Disfrutando de sus trazas, de sus colores, de su espíritu.

Pero acaramelados, mirándonos a los ojos como si no hubiera nadie más. Esos pequeños momentos en los que te das cuenta de que la persona que tienes a tu lado es con quien quieres compartir tu vida.

Y es que frente a un cuadro de Renoir el mundo parecía mucho más hermoso, en mitad de un baile, con tantas parejas bailando, con viejos amigos charlando… en un soleado día de primavera. Sintiendo las notas de música que traspasaban el lienzo. Y tus manos buscando las mías, tus labios tatareando una dulce canción incitándome a bailar abrazada a ti, entre cientos de desconocidos. ¿Y qué importaba lo que ellos opinaran? ¿Por qué le damos tanta importancia a lo que piensen personas con los que, quizás, nunca vuelvas a cruzarte?

Y bailar entre tus brazos, sabiendo que el mundo es mucho mejor cuando estoy a tu lado, cuando la vida se parece más a un cuadro de Renoir y no a esa imagen de todo el mundo corriendo para llegar a sus casas después del trabajo.

 

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