Fotografía en blanco y negro – @Imposibleolvido

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Tac, tac, tac, tac…

01:30 en el reloj de la mesilla de noche. 34º, imposible conciliar el sueño. Bea cansada de enredarse en sus propios pensamientos decide levantarse de la cama, siempre se puede aprovechar el tiempo haciendo algo provechoso.

Sale al pequeño balcón de su habitación, se sienta en la desvencijada silla de mimbre y empieza a liarse un porro. Hay ocasiones en que drogarse es muy «provechoso».

Cruza los pies sobre el cristal de la mesa, se recuesta en la silla y exhala el humo, lenta y profundamente.

Hacía mucho tiempo que había dejado de creer en los cuentos de hadas. Mucho. Tanto tiempo que no era capaz de recordar cuándo había sido la última vez. Hasta hace cuestión de año y medio.

Es tremendamente interesante los derroteros por los que nos lleva la mente en esas horas muertas de la madrugada cuando el insomnio hace su aparición estelar como protagonista absoluto de la noche.

Bea fumaba tranquila, oculta en la oscuridad de la noche, tan sólo visible el rojo que se avivaba en cada calada entre los dedos de su mano derecha.

Desencantada, decepcionada, triste, no sabiendo bien el motivo real de su desdicha, aunque sabía que tendría algo que ver ese pellizco interno que apretaba cada vez que pensaba en él, en su chico, en ese que había conseguido que volviese a confiar en los finales felices.

Estúpida. Tonta. Niña consentida. ¿Qué esperabas? ¿Acaso pensaste que eras mejor que las demás? ¿Acaso creías que te iba  a querer para siempre? ¿Por qué?.

Nota como cae una lágrima solitaria. La seca con el dorso de su muñeca. Enfadada con ella misma. Fuma y cierra los ojos. Abandonándose a la sensación de volver a ser gris, de tener que volver a ser gris. De notar como se esfuma todo el color que recién había descubierto que poseía en su interior.

Rota. Cansada. De nuevo una fotografía de ella misma, pero esta vez en blanco y negro.

 

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