Fotografía en blanco y negro – @igriega_eme

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Estaba lloviendo.
Me limité a observar por la ventana las gotas de lluvia caer, con la mirada perdida en el infinito y los pensamientos inundados.
Mi mente empezó a divagar, intentando contestar preguntas sin respuesta.

Para aclarar mis pensamientos, decidí ir al estudio y sacar del baúl de los recuerdos el álbum de fotografías.

Me senté en el sillón, le di un sorbo a mi taza de café y me preparé mentalmente para enfrentar al pasado con todas sus letras.

Deslicé mi mano por las tapas de cuero, me limité a cerrar los ojos, incapaz de ver el nombre grabado en finas letras negras, era demasiado doloroso. Con experiencia y tacto de invidente fui recorriendo letra por letra el nombre que me sabía de memoria; y me di cuenta de que aún no lo había olvidado, a pesar de hacerme creer que sí. Respiré profundo y escuché el crujido de las tapas al abrir el libro, olía a cuero, a polvo y nostalgia.

Recorrí página a página las fotografías blanco y negro, las que a pesar de la falta de color estaban llenas de vida. Reviví cada momento y pasé por todos los capítulos de mi vida en tan solo unas horas. Me inundé de tristeza, arrepentimiento, enojo, felicidad, amor… todo al mismo tiempo.

Fue demasiado para mí, no supe que hacer con el espiral de emociones que me provocaba, así que asustada, cerré el libro de golpe y decidí salir huyendo. Pero esta vez la vida no me dejó escapar, creo que llega un momento en el que todos debemos enfrentar las situaciones, nos guste o no.

Al levantarme del sillón con el libro abrazado al pecho, resbaló de entre las páginas la última fotografía de todas, la razón por la cual había sepultado mis recuerdos en el fondo de mi alma. Me quedé pasmada, mirando al suelo, sin saber qué hacer. Después de algunos segundos que me parecieron eternos, me recuperé de ese trance hipnotizante y reaccioné para lo único que me daba la cabeza en esos momentos. Me agaché y con manos temblorosas y lágrimas en los ojos levanté la fotografía del frío suelo de madera.

Al voltearla estallé en llanto y grité hasta agotarme. Liberé toda la furia y los resentimientos, y por fin me sentí liberada. Después de tanta tensión, por fin pude descansar. Por fin había encontrado paz…
Me recosté en el suelo, las mejillas calientes contra la madera fría, escuchando el ritmo de mi respiración y sosteniendo la fotografía blanco y negro, la cual atesoraba mi memoria.

Llegué a la conclusión de que me había encontrado, y que nunca me iba a volver a perder, nunca más.

 


Paula

 

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