Fiel reflejo – @relojbarro

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Se despertó a media tarde, oscurecía pero aún se filtraba una débil luz por la persiana. La sensación de despertarse y no saber la hora que era, como si llegara tarde a alguna cita que ni sabía si tenía, le agobiaba. Se levantó del sofá y fue al baño a lavarse la cara. Casi con los ojos cerrados se lavó mecánicamente y al buscar en el espejo su fiel reflejo, el que nunca le mentía, no encontró espejo en la pared que devolviera su sobresalto y su grito afónico. Un agujero negro de unos 30cms de diámetro, vacío, frío, inquietante, lo había sustituido.

Salió de la casa y buscó fuera, bajo el techo abuhardillado, el agujero. No encontró nada. De golpe se dio cuenta de que estaba en manga corta bajo una fina lluvia. Entró de nuevo a la casa, cogió una linterna y subió hacia la buhardilla. Entró al baño y empezó a mirar con temor el agujero. Era muy oscuro, de un cerrado negro mate. No podía hacerse una idea de la profundidad que tenía, pero la sensación que le daba era de un vacío vasto e inabarcable. Alumbró con la luz su interior, el haz no pudo traspasar la oscuridad del agujero, tan sólo iluminar unos centímetros de un vacío impenetrable.

Tras meter sin consecuencias un pincel nuevo que tenía en un caballete junto a un bastidor virgen, pensó en meter la mano. Se sintió atemorizado como un niño pequeño defendiéndose con una sábana de un monstruo a medianoche. Sin pensárselo dos veces metió la mano y, poco a poco, empezó a meter el brazo. Algo no iba bien, sintió que no era su voluntad meter el brazo sino que algo le obligaba a hacerlo, el agujero lo atraía hacia él. Empezó a resistirse, sin éxito, mientras su brazo iba entrando paulatinamente hasta entrar del todo y empezaba a presionarse su cuerpo con el lavamanos y la pared. Empezó a forcejear frenético, sin darse cuenta siquiera de que estaba gritando de pánico. Notó entonces una mano que cogió la suya, la sintió cálida, familiar, y lo tranquilizó al instante.

Despertó. Su corazón palpitaba pero se sentía tranquilo, quizá había tenido una pesadilla, pensó, pero nunca se acordaba de los sueños que tenía. Debía ser de madrugada, no quiso ni mirar la hora, quería seguir durmiendo, cuando creyó percibir un fugaz halo de luz . Se levantó y se dirigió a oscuras hacia donde le pareció ver la luz cuando la misma, volvió a aparecer. Había alguien allí. Se acercó a la luz cuando de repente, volvió a desaparecer. Llegó a la pared. Recorriéndola con la vista se percató de un agujero brillante, miró su interior y se vio a sí mismo mirándose desde el otro lado de la pared. Vio cómo metía su mano y su brazo en la pared y cómo empezó a forcejear frenético. Asió su propia mano y notó cómo al instante se tranquilizó.

Se despertó a media tarde, oscurecía pero aún entraba algo de luz por la persiana. La sensación de no saber la hora que era, como si llegara tarde a alguna cita que ni sabía si tenía o no, le agobiaba. Se levantó del sofá y fue al baño a lavarse la cara. Casi con los ojos cerrados se lavó mecánicamente y al buscar en el espejo su fiel reflejo, se vio a sí mismo, pálido, ojeroso. Se acercó para mirarse los ojos pero su reflejo no se movió. Al separarse unos centímetros vio cómo su imagen se empezó a reír, con una risa cada vez más siniestra. Sin poder apartar la vista de aquella imagen, un escalofrío recorrió su espalda, congelándolo y, tras un parpadeo, su reflejo, lo abandonó para siempre.

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