Fiel Reflejo – @_ej_es

Erica Jade @_ej_es, krakens y sirenas, Perspectivas

No puede disimular su alegría. Sí, esta vez todo irá bien. Dos años compartiendo vida y ahora, también casa. ¡Cuánto le ha costado dar el paso! Ella, tan celosa de su intimidad, de su espacio y de hacer las cosas como quiere y cuando quiere. Ese mundo de mujeres fuertes en que ha crecido le ha marcado, tanto que montó su vida de la manera en que ella entendía ser fuerte: más tiempo soltera que en pareja, y disfrutando de su tiempo, su libertad y sus aficiones. Y así ha vivido, entre su exigencia y su comodidad.

Pero él rompió sus esquemas, sin estridencias ni grandes actos. Sólo él, con su sonrisa y su cariño, y ese amor que surgió entre olor a colores en las clases de pintura. Todo fluyó; primero fueron las miradas furtivas, luego alguna pequeña charla con sonrisas sin venir a cuento y quedar a tomar el primer café, que se alargó a cena, para convertirse en desayuno, fue inevitable. Fluyó como siempre pensó que lo harían las cosas cuando “le” encontrara. Y ahora se siente feliz, aunque se lo dice a sí misma con la boca pequeña, con miedo de espantar en desbandada esos sentimientos con los que podría reventar y acabar con las guerras del mundo, en un segundo. Jamás soñó con un amor así y por fin entiende muchas cosas, y a mucha gente…

Se instala en casa de él, pero con calma, intentando no avasallarle con su presencia, pero sus cosas llegan de golpe y durante un par de meses la mayoría de las cajas están a medio vaciar. Él las mira de reojo de cuando en cuando, con disimulo. Encontrar el sitio para los libros es fácil, también para la ropa y el calzado; pero hay muchas pequeñas cosas, detalles, a los que no termina de encontrarles su lugar, por ejemplo, la manta del sofá (ella solía tener un cesto con varias que aquí no cabe), o los manteles y paños de cocina de algodón, que son los que a ella le gustan. Le gusta crear la sensación de hogar allá donde esté y éste ahora es el nidito de amor de los dos.

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Después de algo más de seis meses, la ilusión y pasión diaria han empezado a calmarse, ¡pero ella se siente tan feliz a su lado! Eso debe ser parte del proceso de la convivencia. A las pequeñas discusiones que tienen de vez en cuando no les da importancia, al fin y al cabo sólo intenta que él mejore: cómo dobla la ropa antes de guardarla en los cajones, o si se quedan platos sucios por la noche en la cocina sin limpiar… Alguna vez le ha dejado caer que combinar colores no es su punto fuerte vistiendo y, aunque no le ha hecho mucha gracia, cuando ha dejado que ella le elija la ropa ha ido mucho más guapo, ésa es la verdad, piensa ella. Y se va dejando llevar por esa calma general, intercalada por los ratos de cariño en el sofá, los paseos buscándose la mano y miradas que siguen entendiéndose.

Le encanta llegar del trabajo y ver sus cosas mezcladas; el libro que él se está leyendo con la manta de ella en el sofá, la leche de almendra de ella junto a la perenne cerveza de él en la nevera y ese olor a sexo, ése que aún rezuma el dormitorio por la mañana, porque el amor lo empapó todo hasta poder ver amanecer. A veces aún le cuesta creerse que está viviendo un amor así.

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Falta poco para el aniversario de esta aventura, del comienzo de ese compartir el rincón de llorar o la última manzana que queda porque olvidaron ir a comprar, y anda preparando algo que sea especial. A pesar de que ella siente que todo sigue bien, últimamente el sexo se ha relajado mucho, tanto que ha quedado relegado al fin de semana, y es más una necesidad física, sin tanta carga de cariño como antaño. Se nota nerviosa y lo paga el que está más cerca, claro. Pero hoy, él, que suele mantener la calma ante las dificultades, y por una nimiedad, ha estallado. Desde un enfado, difícil de entender para ella, le ha espetado: “deja de intentar que sea perfecto, para eso ya estás tú”. Hasta ha levantado mucho la voz y, sin esperar respuesta, se ha marchado. Sin un portazo. Se ha quedado paralizada por un instante, en shock. ¿Desde cuándo es ella así?,  ¿desde cuándo es una controladora?, se pregunta.

“¿Perfecta yo?” Ella, que se pasa el tiempo recordándose a sí misma las mil y una cosas que ha de mejorar. Respira hondo y se sienta en el sofá intentando calmarse. Necesita procesar lo que acaba de pasar.

Al poco, sin saber bien de dónde provienen, mil y una imágenes se le agolpan en la mente; mil y un momentos vividos durante años en casa, en esa casa de mujeres donde todo se hace como siempre se ha hecho, como debe ser. Donde no sólo hay que ser buena y correcta, sino además, parecerlo. Mil palabras y frases que aún resuenan en el fondo de su mente, a diario, y la siguen empujando a seguir mejorando, porque nunca es suficiente. Y ella, como buena alumna, es el fiel reflejo de aquellas que tanto la han querido y marcado, por igual.

Escucha la puerta abrirse y se limpia las lágrimas, apresurada. No hay remedio, han sido varias horas a solas y ha llorado mucho, así que el rastro del llanto en sus ojos no lo va a quitar el limpiar las últimas lágrimas. Lo ve pararse en la puerta, mirándola en silencio, y empieza a sentir casi un dolor físico ante esa mirada que no sabe cómo interpretar.

Al fin, ella se decide a hablar.

– Ahora es cuando viene el “tenemos que hablar”, ¿verdad?

– No, cariño, pero tenemos que negociar.

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