¡Por favor, no te pongas mis zapatos! – @DeNegraTinta

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Hola, me presento – bueno, en realidad no importa mi nombre- soy una mujer adulta de cuarenta y tantos años, madre, divorciada después de algún tiempo. Imagino que es un poco extraño todo esto, pero te platico un poco más de mí.

De lunes a viernes mi alarma suena antes de que el sol se asome, entonces comienza el día. No importa a donde tenga que ir, prefiero arreglarme temprano por si se presenta algún evento fuera de mi ocupada agenda. Una cita de trabajo, alguna entrega de muestras o compra de material, por nombrar algunos. Subo, bajo, llevo, traigo. Laboro prácticamente durante todas las horas que un día hábil me lo puede permitir, también tengo muchos oficios. Dios y la vida me han hecho acreedora a un sin fin de virtudes y habilidades – reconozco que no es del todo humilde presumirlo – soy una mujer privilegiada, también sumamente bendecida. Tengo el amor de mis hijas, salud y aunque el dinero no cae del cielo, ha llegado cuando tiene que llegar. Siempre fruto del trabajo por supuesto. Debo confesarte que soy ambiciosa, que no me conformo con poco y por lo mismo entiendo y me repito todos los días que las cosas que valen la pena cuestan, que el trabajo honrado y dedicado no se puede pagar de otra manera. Rendirse, no es una palabra que exista en mi vocabulario. Lo quiero todo y cada vez quiero más.

Hoy es diferente, es domingo. No he dejado la cama en lo que va de la mañana, solamente para bajar a la cocina por un poco de cafe. Decidí hacer lo que nunca, vestir pijama todo el día y no ver el reloj, ni el pasar de las horas. Pero ¿sabes? mi cabeza se ha ido calentando, se han apoderado de mi todas las preocupaciones que por lo general entre semana evado ocupándome. Me siento molesta, fastidiada y defraudada, bueno hasta usada. No acostumbro quejarme, ni mucho menos ventilar mis problemas con extraños, pero creo que él ha sobrepasado mis limites. Alguna vez escribí: «no existe hombre más estúpido que el que piensa que la estúpida eres tú.» Me cansé de tener consideración con alguien que no lo merece y sin embargo se cree acreedor de cada muestra de paciencia, tolerancia y prudencia que puede habitarme.

La mujer en su increíble fortaleza aderezada con una dosis considerable de ceguera ama sin cuestionar y vive para dar en la medida de sus posibilidades. Casi podría ser la descripción perfecta de una mujer perdidamente enamorada, de esas que parecen vivir en una luna de miel interminable porque no conocen, mucho menos imaginan como es el hombre con el que comparten un «hogar». Las mismas que se desviven en detalles y atenciones, que les gusta ser nombradas por la boca de su amante con apodos cursis creyendo que esto es una muestra enorme de cariño.

Yo también pase por ahí, también di todo lo que tenia procurando que nada falta, también «que nada le faltara».

Sí ya sé, seguramente pensaras que tu historia será diferente, que tú le enseñarás cual es el camino correcto y que él cambiará porque tú eres lo mejor que le pudo pasar. En eso no te equivocas, tienes razón, no solamente eres una mujer vulnerable, pero fuerte. Llena de complejos pero bella a los ojos del hombre que amas. También eres una mujer de valores, de familia, que por su edad no ha vivido lo suficiente. Que no entiende de irresponsabilidad porque su éxito profesional y personal no es más que el reflejo de su dedicación y ahínco por destacar por la única razón de adorar todo lo que haces y por lo que crees vale la pena vivir.

¡Sí! eres lo mejor que le pudo pasar a una persona que es la antítesis de lo que eres, que no entiende de valores y responsabilidades, que frente y lejos del espejo es lo único que ve, lo único que importa. Porque primero es Él, solo Él y después Él.

No lo creerías, pero he pasado por muchos años de abuso, no existe algo más dañino para un ser humano que el menosprecio sea hombre o mujer. Sobre todo cuando se trata de una persona a la que sientes indispensable o peor aún insustituible, a la que crees amar y por esa misma razón te entregas en la reciprocidad que el sentimiento dicta.

Sería un error de mi parte no reconocer que a nada fui obligada, así como desde hace tiempo lo haces tú. Nunca estuve expuesta a una pistola apuntándome en la cien o mucho menos a algún tipo de tortura medieval. En su tiempo lo hice con gusto, porque me nació y así lo considere correcto. Porque lo imagine un futuro reluciente, porque no solamente fue una ilusión. Toda relación es de dos. Asumo y reconozco todas las consecuencias provocadas, sin embargo estoy segura que no está de más escribir todo esto. Lo leas o no, así es. Reconocer y llamar a las cosas por su nombre es también una forma de crecer y reinventarse.

Me imagino creerás que estoy equivocada, pero también entiendo que nadie experimenta en cabeza ajena. Sin embargo reitero «el amor es ciego», alguna vez yo estuve en tu lugar y por eso te pido de la manera más sincera y cariñosa ¡Por favor no te pongas mis zapatos!

 

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