Falsificación – @martasebastian

Marta Sebastián @martasebastian, krakens y sirenas, Perspectivas

Hoy estaba revisando viejas fotos de adolescencia y juventud, recordando grandes y locos momentos… Y estoy satisfecha. No puedo quejarme de la vida que he llevado. Claro que tuve malos momentos, muchos errores y lágrimas. Pero, en general, mi vida ha sido feliz.

Estaba viendo todos esos buenos recuerdos y me vino a la mente una anécdota en especial. Hace unos diez años, más o menos, tirada en la hierba, en un parque a las afueras del pueblo de mi madre; era verano y disfrutaba de unos días lejos de toda mi vida, de toda mi rutina. Estaba con una amiga. Esas amigas con las que solo coincides en el pueblo y, sin embargo, te une una amistad extraña. Estábamos tumbadas, hablando, riendo, cotorreando… Ella se levantó los pantalones hasta las rodillas y no pude evitar darme cuenta de que no es que no fuera depilada, es que seguramente no se había depilado en muchos meses. Ella se dio cuenta de la dirección de mi mirada y, con una sonrisa, me dijo “Paso. Si alguien me dice algo le digo que si piensan que nuestro estado natural es depiladitas y suaves. Yo me siento cómoda así y no pienso cambiar”.

Y al escuchar esta frase yo no pude hacer otra cosa que admirarla. Porque había verdad en sus palabras. Vivimos en una sociedad en la que las mujeres tenemos que estar siempre perfectamente depiladas, perfectamente peinadas (no os engañéis, la mayoría de las chicas que llevan un look despeinado, están meticulosamente pensado), sin canas, sin ojeras, con la manicura perfecta… Y, por desgracia, muchas veces somos las propias mujeres las que criticamos cuando otra no sigue los canones establecidos. He de confesar que yo no. No suelo ir maquillada, mi pelo aunque corto suele estar desordenado (y no de manera premeditada), mis uñas (lo sabéis) no suelen estar perfectamente (ni por asomo) cuidadas y me da mucha pereza depilarme (ahora en verano toca hacerlo más a menudo)… Gasto mi tiempo en otras cosas. Y no critico a quienes sí lo gastan. Cada uno tiene sus prioridades… Sólo pido que no me critiquen a mí.

Pensé en todo eso y la admiré por su decisión. Unos días después me escribió un mensaje. Había quedado con un chico por el que llevaba colada varios años. La felicité. Quedamos en vernos a tomar algo antes de su cita. Vino muy guapa. Un vestido azul, el cabello suelto, un leve toque de maquillaje y la línea de los ojos negra. Y depilada. Ahí se quedaron esos principios. Ese “no pienso cambiar”. No le dije nada, ¿Para qué? En el fondo la comprendía. Una cosa eran nuestras ideas, otras la presión de la sociedad y nuestra necesidad de gustar a los demás. Y ella llevaba muchos años esperando por esa cita, aunque la chica que se presentaba a esa cita no era 100% mi amiga, había una parte de falsificación… Pero todos lo somos en algún momento de nuestra vida.

 

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