Falsificación – @_Marla_Sercob

_Marla_Sercob @_Marla_Sercob, krakens y sirenas, Perspectivas

¿Hasta dónde y hasta cuándo estamos dispuestos a falsificar nuestras propias vidas para qué parezca qué duele menos?.

¿Cuál de las dos caras es la auténtica?

Padezco de lucidez. Puede que para ti, que estás leyendo esto, carezca de sentido lo que digo. O puede que conozcas perfectamente de lo que hablo y sepas que estoy herida de muerte.

Según la RAE, lucidez es la cualidad de lúcido. Y suele asociarse a la capacidad intelectual y la rapidez mental de una persona. Y no es que yo vaya a poner en duda a toda esa panda de académicos con letras mayúsculas y minúsculas en sus asientos desde 1713, pero para mí es otra cosa.

No sé cómo explicarte que la lucidez es esa hija de puta, que sin avisar te atraviesa el corazón para dejarte con todas las esperanzas rotas. Es un lugar habitable por poco tiempo porque está vacío de vida. Es la realidad frente al deseo. Lo que tú anhelas frente a lo que no va a suceder. Es hacia donde tú quieres ir y donde te dice que no vas a llegar. Es la cara oculta de la vida. Lo que nunca se debería ver.

La lucidez es seguir viviendo, pero de otra manera.

Quiero dejar bien claro, que los que sufrimos esta dolencia no somos más inteligentes que los demás, simplemente somos menos tontos que el resto. Y esto se paga. Porque el saber no sé si ocupa lugar, pero ver la realidad tal y como es, desnuda de todo adorno que nos lo haga más cómodo a la vista del alma es un bien que termina saliendo caro.

Puede que esté equivocada, pero siempre he tenido ansias por saber. Soy inconformista por naturaleza ante esos “porque lo digo yo” que nos suelta con un golpe la vida.

Y es que el saber siempre nos ha complicado la existencia al ser humano. El querer conocer nos ha hecho saber lo que la vida duele. Y lo peor de todo es que una vez que has visto, ya no se puede volver atrás. O al menos no como antes.

Por eso de vez en cuando le pido a la vida un “quid pro quo”. Yo le doy y ella no me quita. Pero es que hay días en los que la vida huele a colonia barata. Me cansa, me aburre y me hace sentir mal. Tanto, que sin que ella lo sepa, algunas veces me termina haciendo sentir verdaderamente viva. Y entonces me pongo el dedo en la herida y aprieto bien fuerte. Y lo mismo que la vida me incomoda, yo la incomodo a ella. La cuestiono, la rebato y la discuto casi todo el tiempo porque sé que no le gusta. Si ella me da el beneficio de la lucidez para complicarme la existencia, yo la jodo llevándole la contraria queriendo vivir a toda costa. Y bajo ningún concepto le permito a la razón entrar en el corazón que se me para.

Lo que sucede, es que no soy demasiado blanda para aguantar la verdad. Todo lo contrario, soy tan dura que me rompo al primer golpe y entonces algunos días me declaro siniestro total. Resulto mucho más cara arreglarme que tirarme al desguace y hacerme de nuevo. Y me rehago siempre.

Pero entonces, si sabiendo que la lucidez una vez que entra ya no se va, ¿cómo volver a comenzar sin mentirnos, sin falsificar la realidad sabiendo qué eso siempre da como resultado una mala copia de la vida pretendiendo hacerla pasar por auténtica y aun así seguir avanzando?.

¿Cómo volver a la cara A de la vida después de conocer su cara B?.

 

Visita el perfil de @_Marla_Sercob