Estás fatal – @LaBernhardt

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Hace mucho tiempo, o no tanto, en el mundo de WhatsApp…

22:18

—Hola, bonito
—Hola
—¿Mal día?
—Peor
—No quieres hablar, imagino, pero te dejo escrito un cuento para dormir agobios y lo lees cuando se te pase lo feo del miércoles:

«Puede pasar que esta noche, después de las cerves, llegues a tu castillo, que te metas en la cama,que estés al punto de coger el sueño y que de repente -hija de puta, la cabeza, que nos trae siempre los agobios a la hora de los sueños- se te cuele algún problema.
Si pasa eso, usa este cuento, que no es un cuento al uso, que más bien es una especie de repaso de cosas bonitas que tienes delante de tus narices: yo, sin ir más lejos. Estoy aquí. Allí. En tu móvil. En tu cama. No dejes que un agobio nos robe las sonrisas que tanto nos ha costado encontrar.
Vale, que es un agobio peleón, ¿no? porque sigues dándole vueltas, ya. Bueno, no te apures; traigo refuerzos, escucha: hace mucho tiempo, mi padre me contó que lo peor del mundo era el momento de cuadrar la caja en el banco. Había días que por exceso o por defecto, las cosas no cuadraban. Se volvía loco. El mundo, por muy suave que sonara fuera de la oficina, era una puta mierda de zapato de tacón a las 3 de la mañana, doliendo y destrozándote —esta metáfora, obvio, no es de mi padre, es mía— y en ese momento, decía mi padre, lo único que lo aliviaba era pensar en las 4 últimas cosas buenas que le habían pasado (no me preguntes el porqué de 4 cosas; él nunca me supo dar una razón razonable) así que yo te voy a repasar las cuatro cosas buenas que te han pasado hoy, desde fuera, desde mi lado de tu cama, a muchos kms de ti:
1. Has salido del curro y hemos comido juntos. Salmón riquísimo, en tu cocina, y a toda hostia, que los horarios no perdonan. Sé que eso no es espectacular, que mucha gente vuelve a casa y la tiene llena. Que tiene una mesa para compartir, pero en tu caso ( y en el mío) no siempre pasa eso. Y en lugar de pensar qué puta mierda, te sonríes de lo jodidamente genial que es el mundo cuando puedes comer con alguien que te hace sonreír.
2. Hoy —exigencias del guión— no ha habido siesta. Pero te la guardo, prometido.
3. Mañana sonará el despertador a las 6, sí, y no se terminará hasta las 9. Pero si miras el móvil, a ratos, yo te lo voy a llenar de besos, te comeré hasta las ideas feas.
4. Cuando las cosas se tuercen, no cuadran, cuando hay luna llena o cuando te toca batallar con el mundo. Cuando ni una cerveza te salva, mira tu móvil: mucha gente te quiere ahí dentro. Una titiritera que te manda mensajes kilométricos. Eso es bueno. Muy, muy bueno, porque aunque el que se enfrenta al jueves eres tú, la gente que te queremos estamos en tu bolsillo.
A tu lado. Cerquita, por si acaso el mundo pincha.

Todo eso es lo que tienes que pensar cuando mañana sea mañana y esta noche ese pensamiento feo no te deje dormir.
Te escribo mañana. Te beso mañana».

01:56

—Estás fatal.
—Estoy fatal.
—Venga, a dormir
—Duerme tú, que yo ya estaba sobada.

04:37

—No dejes de escribirme cuentos, hada.
—Estás fatal.
—Estoy fatal, pero no dejes de hacerlo.
—Nunca.
—¿Cuánto duran los Nunca en tus cuentos?
—Duran siempre.
—Entonces, cuéntame el mundo así, siempre.
—Duerme.
—Duerme.

 

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