Entre tus piernas – @soloparatuitear

Zarathustra Callao @soloparatuitear, krakens y sirenas, Perspectivas

Llego de madrugada a la casona. La niebla me ha retrasado casi una hora pero no cambiaría por nada este clima. Una lluvia finísima, apenas corre el aire, ha cubierto con miles de gotitas alineadas la mesa de cristal que tengo en el porche. Dibujo con dos dedos una silueta de mujer. Paso el puño por encima y la borro en cuanto asoma en mi cabeza el motivo por el que me encuentro aquí.

Abro el portón, dejo la bolsa en el banquito de madera y activo en el cuadro de luces la mayoría de ellas. La casa está helada, la humedad me está rozando los huesos. Voy a la chimenea, cojo un par de troncos bastante grandes y los enciendo con una piña del saco que tengo al lado. Mientras vigilo que no se apague, me quito el abrigo y cojo una copa de vino del aparador.

Bajo a la bodega a por un Ribera, joder, está helado, es irónico que enseguida me vaya a quitar a mí el frío. Al subir, pongo un vinilo de los Cowboy Junkies, the Trinity Session, descorcho la botella, me lleno la copa y de dos tragos me la bebo. Y me la vuelvo a llenar. Enciendo un cigarro, doy la vuelta a uno de los troncos y me siento en el sofá justo cuando suena el timbre.

Abro directamente. Está preciosa con el pelo empapado y el paraguas cerrado en la mano. Le cojo la otra mano, fría, y sin dejar de mirarnos, la hago pasar.

—Hola Laura, estás loca.

Sonríe. Me la comería allí mismo.

—Hola Pablo. Estás más loco que yo.

—Dame el paraguas y tu abrigo. Pasa, he abierto una botella de tinto.

Después de colgar su chaquetón, la sigo a unos metros, disfrutando de su figura. Elegante.

—¿Cojo una copa de aquí? Me encanta el fuego.

—Sí, deja que te la llene, vamos a brindar por el valor que has tenido viniendo hasta aquí.

También se bebe de dos tragos el vino. Los nervios, que son así. Le quito su copa y dejo las dos en la estantería. Sin decir nada, beso su mejilla muy despacio, después sus labios, nos abrazamos y nos vamos comiendo la boca sin soltarnos. Me separo, miro su cara, la misma expresión que supongo en la mía, algo de miedo, preocupación quizá, un brillo espectacular en sus ojos, bonita, muy linda, debemos parar para hablar.

—He pensado ahora mismo que no hay nada que pueda decirte que evite lo que quiero.

—Déjalo. Yo tampoco quiero perderme esto.

Volvemos a besarnos, esta vez un poco menos suave, de hecho, nos estamos arrancando la ropa. La tumbo sobre la alfombra y paso mi boca desde su cuello pasando por sus pechos, su ombligo, hasta tener mi cabeza entre sus muslos. El disco se ha parado y ya sólo nos oímos respirar agitados. Me tira del pelo, pero no deja que me aparte. Estoy tan excitado que no soy del todo consciente de que estoy en el mejor sitio de mi mundo posible, entre sus piernas.

Después de esa noche que se alargó hasta bien entrada la mañana, nunca más nos volvimos a ver. Lo sabíamos entonces, lo sabíamos antes de vernos allí. Pero eso es otra historia.

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