En ningún lugar – @soy_tumusa

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¿Conoces esa sensación de estar, pero no estar?… La he sentido tantas veces que ya parece que no pertenezco a ningún lugar en el que me encuentro.

Hace poco, compartiendo una comida con unas amigas, la volví a sentir. Fui capaz de estar tres horas allí sentada, oyendo risas que me parecían tan falsas, recetas de cocina que jamás cocinaré, trucos para quitar manchas de la ropa de los niños que nunca lavaré y, mientras, ahí estaba yo, mirando cómo comían y fingían disfrutar contándose lo maravillosas que eran sus casas, sus hijos, sus vidas.

Sentada compartiendo mesa y mantel, pero no cuerpo ni alma, sonreía tristemente de ver que mis ojos volvían a irse al mismo recuerdo. A ese día en el que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, aquel día en que tu mano cogió la mía y supe lo que era sentir paz. Aquel día en que solo éramos tú y yo, en el que no había suficientes horas en el reloj para dejar de mirarnos. No había tiempo, ni día, ni noche, ni gente alrededor; solo importábamos nosotros, nuestros cuerpos, nuestras miradas. Aquel maravilloso día en el que supe que, tú, me dolerías para siempre.

Sonrío, por cómo te pegabas a mí como una pieza de puzzle. Tu cabeza sobre mi pecho encajaba y ahí era donde pasaba la vida, las horas. Tu postura favorita era mi cuerpo y la mía tenerte. Tu piel suave y delicada gritaba ser acariciada y aun así, tengo la sensación de que pasó todo tan rápido que apenas pude disfrutar de todo lo que había en ti. Fue en ese momento cuando decidí que yo no quería estar en ningún lugar que no fuera contigo, no quería estar en ningún sitio lejos de ti, pero la puta vida en ese amargo momento, no me dejó decidir. Faltaron abrazos por darnos, todos los “te quiero” que te susurraba al oído mientras dormías sobre mi pecho nunca serían suficientes. Jamás nadie ocupará este gran vacío de sentimientos que llenaban nuestras miradas. Tú sin hablar ya me decías todo. Tú y tu sonrisa calmabais mi angustia y si sonrío aún es porque te tuve. Y ese sentimiento es más grande que el dolor de haberte perdido.

De ese recuerdo aprendí cómo a las personas podrían dolerle las entrañas. Y fue desgarrador aprenderlo cuando aún apenas te habías marchado y ya sabía que te ibas a ir. Jamás te preparan para semejante despedida, jamás llegas a despedirte del todo. A partir de ese momento, jamás me encontré en ningún lugar. Solo soy cuerpo que vaga, incompleto. Soy corazón que espera a latir junto al tuyo. Soy abrazo que espera ser dado y seré alma llena cuando la vida me deje tenerte de nuevo en mis brazos.

De ese recuerdo aprendí que no es lo mismo marcharse a que te lo arranquen de tu lado, que la distancia y la ausencia desangran a las personas por dentro, que lo que es bueno para los demás te consume por dentro a ti.

Que en ningún lugar estaré bien si no es contigo. En ningún lugar quiero estar sin ti, hijo mío.

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