En ningún lugar – @Macon_inMotion

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Fumaba, nerviosa y el humo flotaba por la habitación, inundándolo todo. Llevaba mas de 96 horas encerrada en un habitación y el entorno lo delataba. Cajas de pizza amontonadas al lado de la puerta, cajetillas de tabaco por todas partes y envoltorios vacios de chocolatinas de la máquina del pasillo. Los nervios a flor de piel, tensos. A punto de romperse, como una cuerda de guitarra. Cada carrera por el pasillo del motel hacía que se le parase el corazón durante unos eternos segundos.

«-Si te largas de aquí, no estarás segura en ningún lugar.-» La mano con la que sostenía el cigarrillo temblaba al recordar sus palabras. Consigue dar una calada, sentada en un butacón en la semioscuridad. Unicamente el reloj de la pared, con su marcha interminable la acompañaba. Ni siquiera sabe cuato tiempo más tiene que esperar ahí. Empezaba a pensar que finalmente, había perdido.

La televisión, sin sonido, pasa imágenes de un latenight. A quién le importa. Ahora alterna el cigarro con una cerveza, reconfortante. -Joder. No van a encontrarme aquí. Es imposible.- se dice a si misma, infundiéndose valor. Mira el movil apagado que no piensa encender y la bolsa de deporte que dejó hace lo que parece una eternidad, encima de la mesa camilla. Ni siquiera la ha abierto, sabedora de su contenido y de que es la culpable de que se encuentre en esa situación, en ese limbo. Perdida. En ningún lugar.

La mujer se levantó del butacón. Iba a volverse loca. Sus pies descalzos amortiguados por la sucia moqueta van de un lado a otro de la habitación, como un león enjaulado. Pasa frente al pequeño baño y se ve en el espejo. Tiene el pelo sucio, dándole a su rubio, habitualmente radiante, un aspecto pajizo y apagado. Está delgada y en la camiseta de tirantes se sigue viendo la mancha de sangre ajena que lleva acompañándola una semana.

«-Si te largas de aquí, no estarás segura en ningún lugar.-»

-Hijo de puta.- masculló al recordar por enésima vez aquella amenaza. Enciende otro cigarro y con la otra mano retira levemente la cortina, tratando de ver algún movimiento extraño. Desde su habitación ve el patio delantero. Un parking lleno de suciedad, algunos coches aparcados y un par de prostitutas que deambulan por allí. Nada nuevo en los últimos días.

Más cerveza.

Unos gritos la encontraron tendida en el suelo, con la cabeza apoyada en el sofá, sobresaltándola. -He debido quedarme dormida.- pensó mientras se ponía en pie rápidamente, asustada por el estruendo. Al levantarse golpea con el pie una botella de cerveza vacía, maldiciendo por el ruido. Media cerveza caliente se derrama sobre la moqueta, formando un cerco oscuro. Todo su cuerpo se tensa. El sonido de algo rompiéndose en la habitación de al lado y voces. Una de hombre y otra de mujer. Discutiendo. Suspiró aliviada. No tenía nada que ver con ella. Un portazo y vuelve el silencio.

Mira el reloj. La una y media de la madrugada. Los faros de un coche se cuelan por la ventana. Llega a tiempo para ver a través de las cortinas un coche pasar por delante y posteriormente perderse en la negrura. La cabeza le iba a estallar de tanto que la dolía. Demasiada cerveza. Demasiada tensión. De pronto empieza a llorar, empezando a cuestionarse cúal es la salida a esta situación, si es que hay alguna. Se deja caer de espaldas a la ventana deslizándose contra la pared, sentandose en el suelo, con sus brazos rodeando sus rodillas. Sollozando, dejando que la oscuridad se la trague. Cada vez se siente más pequeña, más desamparada. Prisionera en aquel pequeño estercolero.

De pronto alguien aporrea la puerta de la 205. Levanta la vista escondiendo la cara tras sus antebrazos, mirando fijamente la puerta. La han encontrado.

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