Elige estrella – @Macon_inMotion

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Las cuatro de la mañana. Otra noche en la que no voy a poder dormir. Mis ojos están abiertos como platos, mirando fijamente un punto indeterminado del techo. Decido levantarme y dar la noche por perdida. Un leve escalofrío me recorre cuando piso descalzo el suelo de mi cuarto. Un montón de ropa arrugada al lado del escritorio me saluda. Me dirijo hacia él y rebusco a oscuras hasta encontrar unos pantalones y una camiseta cualquiera. Siento la aspereza de la tela vaquera al enfundarme el pantalón, que no me abotono. Enciendo un par de velas tras terminar de vestirme y me dirijo al frigorífico. Por el pasillo escucho el silencio de la noche cerrada.

Al abrir la puerta del electrodoméstico, un leve zumbido y una luz amarillenta y sucia innundan la cocina. Una caja de pizza sobre la encimera. Un cuchillo con restos resecos de la cena. Vasos y platos en el fregadero. Alargo el brazo y saco un botellín de cerveza. Me quedo unos instantes quieto, de pie, mirando el botellín. Mis pies descalzos, desenfocados, completan el encuadre. ¿Por qué no puedo dormir? No me sucede nada. No lo entiendo.

Finalmente abro la cerveza y vuelvo a la habitación. El suelo está frío. A través de la puerta del salón distingo vagamente mis muebles en la oscuridad. En mi habitación la luz vacilante de las velas me recibe. Abro el pequeño balcón y una bocanada de aire frío me da en pleno rostro. Las velas inclinan su llama, amenazando extinguirse. La madera vieja del balcón cruje al recibir mi peso. La ciudad duerme. Millones de luces se extienden ante mi en todas direcciones. Kilómetros y kilómetros de soledad. Abajo, en la calle, nada. Solo el asfalto mojado. Noviembre.

No hay una sola nube en el cielo, pero a pesar de ello, apenas se distinguen estrellas, tal es la cantidad de contaminación lumínica que me rodea. Aún así, se que están ahí. A miles millones de kilómetros. Alguien me dijo una vez que todo el mundo necesita un faro para no perderse en medio de una tormenta y naufragar. Doy un sorbo a la cerveza. Frío. Vuelvo a levantar la mirada. Se que están, aunque no las vea. Se que está. Mi estrella.

Mira al cielo, hijo. Existe un número casi ilimitado de estrellas. Elige estrella. Hazla tuya. Conviértela en tu faro. Cambiará su posición en el cielo pero aunque no sepas reconocerla con tus ojos, tu corazón sabrá cúal es. Recordará el momento en el que la elegiste y lo identificará con tu estrella. Una única y solitaria estrella, rodeada de millones más. Tan solitarias como ella.

Una leve rafaga de viento me hace bajar la vista y de nuevo contemplo todos los puntos luminosos de la ciudad. Me siento tremendamente pequeño. Estoy perdido. Otro sorbo de cerveza. Frío. No puedo dormir.

 

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