El sermón – @Macon_inMotion

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«…Es sumamente importante que no le cuentes a nadie, escúchame bien: a nadie, el nombre o la descripción de tu contacto ¿entiendes? Mantén tu boca cerrada. Ese es siempre el primer paso para que nadie joda nada antes de tiempo, chico…»

La habitación estaba parcialmente a oscuras y Lara, una prostituta de unos cuarenta años, rubia y con aspecto cansado escuchaba atentamente mientras fumaba un cigarro a medias con su circunstancial compañero de cama. -Conozco a gente que ni te imaginas -decía este con tono fanfarrón-, como al Dientes, con el que me veré mañana. Es un pavo peligroso, pero te juro que me alegraré de tenerle cerca cuando empiece la movida.
La prostituta le quitó el cigarro de los labios al chico para dar ella misma un par de caladas, antes de levantarse y empezar a vestirse.

«…ese día no quiero que toques el alcohol. Ni una puta gota, eh. Cuando uno tiene un trabajito como el tuyo tiene que estar fresco y sereno. Demuéstrame que eres un profesional y que puedo confiar en ti. Créeme cuando te digo que si todo va bien, llegarás lejos conmigo…»

El vaso vacío produjo un golpe seco al ser golpedo contra la barra del bar. Era el tercer tequila pero el chico no podía disimular su ansiedad y esta, combinada con sus nervios, habían hecho que sus pies le condujesen al bar más cercano. Era inevitable. La parte mala es que empezaba a notar los efectos del alcohol, la buena es que el pulso ya no le temblaba. Empezaba a sentir esa ilusión de confianza que otorga el alcohol.

«…es importante que no llames la atención. No montes ningún numerito. Que nadie se fije en ti ni en tu cara. Tú no existes. Nadie supo que estabas ahí. Nadie sabrá lo que hiciste. Sobre todo, calma. Cuando salgas, hazlo andando, esperas el coche tranquilamente, te montas y listo…»

La tarde hubiera sido una más de agosto, normal y corriente, si no fuera porque un chaval corría como alma que lleva el diablo por la avenida, en dirección contraria al tráfico y obligando a estos a apartarse mientras hacían sonar sus cláxones y le dedicaban enormes ristras de insultos. Unos metros más atrás, tres policías se afanan en recortar la distancia que les separa del joven.

«…escúchame, me cago en mis muertos. Más te vale que sigas mis consejos chico. No la jodas. Hazme caso y todo irá bien. Si por algún motivo algo se torciese, nunca, nunca, nunca, nunca, bajo ningún concepto saques el arma ¿ok? Y menos para encañonar a un policía. Ni se te ocurra hacer eso o puedes darte por follado…»

El chaval corría lo más rápido posible, sintiendo fuego en los pulmones por el esfuerzo pero sus perseguidores reducían la distancia drásticamente. Aún no se explicaba cómo, pero todo lo que podía salir mal así estaba saliendo. Fruto de la desesperación se sacó una pistola de la parte trasera del pantalón y dándose la vuelta encañonó y disparó a uno de los policías. Tanto él como sus dos compañeros se detuvieron sorprendidos ante la acción. El chico había errado el tiro, pero al verlos así, paralizados, se envalentonó y comenzó a disparar poco menos que al bulto. Ese hecho hizo que no se diese cuenta de que un coche patrulla se acercaba a él por la espalda, Terminando por embestirle brutalmente, dejándolo tendido sobre el asfalto.
Entre alaridos, por el dolor que le inflingía la rotura en la pierna que le había producido el atropello, fue esposado y detenido. Una multitud de curiosos observaba desde la acera y entre ellos movía la cabeza con gesto de desaprobación la persona cuyo sermón el chico había ignorado.

 

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