El secreto de El Cairo – @relojbarro

dkys colaboraciones Improvisando letras, Retos

Había bajado con tiempo de sobras para llegar a su cita ya que nunca sabía qué tardaría en aparcar el coche; le encantaba esa gran ciudad, pero aparcar lo iba poniendo paulatinamente de los nervios conforme transcurrían los minutos dando vueltas, por lo que esta vez, para no llegar cabreado a su cita, decidió ir con más de dos horas de antelación y, cómo no, aparcó nada más llegar.
Deambulaba por las calles más antiguas de la ciudad, en el centro, y al pasar por delante de una antigua librería, decidió ojear dentro, si encontraba algo interesante se lo llevaría a una cafetería y leería tranquilo para hacer tiempo.
En la parte interior de la tienda, había una mesa con libros apilados. Vio uno entre tantos de color violeta y letras escarlatas, apenas se leía el título, por lo que lo sacó de entre los demás y leyó “El secreto de El Cairo.” Abrió el libro y leyó una dedicatoria:
“A ti, que te ha llamado la atención este libro, a ti, te lo dedico, desde mucho antes de que nacieras.”
Al ir a pagarlo, la librera, con una amplia sonrisa, le dijo que se lo regalaba y que si una vez leído no le gustaba, lo devolviera de nuevo a su sitio. Se lo llevó sin más, ávido de leer sus letras-
Ya con su cappuccino en la mesa, sentado en una butaca de una tranquila cafetería donde había quedado, comenzó una nueva aventura que siempre supone descubrir el alma de un libro antiguo.
El libro narraba la historia de una mujer soltera descubriendo El Cairo en el período que precedía la Segunda Guerra Mundial, sus calles repletas de historias y misterios, su idiosincrasia, hablaba del majestuoso Nilo, de monumentales pirámides, de fortificaciones romanas, de todo, al fin, de lo que le  hacía sentir minúscula frente tanta historia y grandeza. El libro era en sí un paseo por una ciudad especial, algo así de sencillo, así de complejo, y él iba acompañando a su protagonista en cada calle, en cada comercio que paraba, en cada olor, en cada sabor, hasta que llegó al final del libro, no daba crédito, lo había leído prácticamente entero, y una duda le vino a la cabeza, ¿cuál era el secreto de El Cairo? Entonces acabó el libro, como un sueño, un sueño dulce…
Pasó las dos últimas páginas cuando vio una dedicatoria final:
“No sé bien porqué, pero tengo la certeza de que este libro llegará a tus manos, que en el último día que pasé en El Cairo antes de entregarte a una afable y noble familia extranjera de total confianza, me acompañarás en mis letras, y que el secreto de tu vida ya no será un secreto sino una espina que podrás sacarte, espero, pero que a mi me consumirá seguramente hasta el resto de mis días. Solo te doy la pulsera de mi padre, tu abuelo Gabriel, y tu nombre, Natalia y una vida que te arrebatarán si te quedas conmigo. Te quiero, de una forma que jamás creí se pudiera querer a alguien tan pequeñita, pero con un mundo inmenso que ya asoma en tus ojitos oscuros.”
Una llamada al móvil lo sobresaltó: “Llamada entrante: Abuela Natalia”.
Su cita llegó y lo observó con una expresión muy extraña, los ojos brillantes pero ausentes, mientras sus dedos paseaban por las letras “GABRIEL” de su pulsera.
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