El secreto de El Cairo – @mujer_aracnida

dkys colaboraciones Improvisando letras, Retos

El egipcio.

Fue un verdadero escándalo cuando ella volvió al pueblo. Estaba muy cambiada; parecía mayor y tenía ese halo invisible que la hacía tremendamente atractiva. Todos lo habían notado, pero nadie sabía de qué se trataba.

Cuando Míriam se fue de viaje a los 18 años, “a conocer mundo”, decía, ni sus padres y familiares, ni el resto de aquel pequeño y cerrado pueblo de apenas dos mil habitantes lo aprobaba. Pensaban que era una locura y que volvería en una semana asustada y sumisa. No podían imaginar que tenía la fuerza y el carácter suficientes para sobrevivir fuera de casa e, incluso, para poder viajar a placer. Uno de sus destinos, el último, antes de su regreso, fue El Cairo.

Míriam llegó a Egipto, desde Grecia, por pura casualidad. En el crucero donde trabajaba como camarera conoció a una pareja acomodada que, tras viajar por todo el Mediterráneo, pretendía volver a su casa, en El Cairo. En los 10 días que duró el crucero, hicieron amistad. Era una pareja liberal, de unos treinta años y entre los tres surgió una irremediable atracción, que pronto se convertiría en una adicción. Los juegos y coqueteos que se sucedían en público, durante las horas de trabajo, daban paso, horas más tarde, a las más tórridas noches de sexo que una pueblerina jamás habría podido conocer, de no haber salido de su pequeño entorno. Akil era fuerte y con un atractivo especial. Neith era la típica mujer egipcia y, aunque de belleza no tan obvia como la de Akil, muy atractiva.

Tras despedirse de su empleo, viajó junto a ellos a El Cairo. Vivían felices los tres en la espaciosa casa de la pareja, pero Míriam comenzó a enamorarse de Akil, conforme su vida iba asentándose allí. Ya no sentía lo mismo cuando follaba solo con Neith, ni cuando ambas satisfacían los deseos de Akil. Empezó a buscar encuentros a solas con él, a espaldas de ella. Parecía que Akil sentía lo mismo que ella y esto encuentros furtivos se hicieron tan frecuentes que, tanto él, como ella, apenas tenían apetito cuando Neith reclamaba sexo. Ella empezaba a sentirse engañada y sus sospechas se vieron confirmadas cuando sorprendió a ambos haciendo planes de pareja, que la excluían a ella, desnudos, tras hacer el amor. Aquella noche, Neith murió, accidentalmente, durante la pelea.

Decididamente, Míriam volvió al pueblo muy cambiada. Llegó de la mano de un hombre, unos diez años mayor que ella, guapo, pero de otra raza. Y traían consigo un terrible secreto, que bien podría ser el argumento de alguna película, llamada, tal vez, “El secreto de El Cairo”.

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