El inglés – @netbookk

Mous_Tache @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

(… y El Giralda)

El Giralda es uno de esos sitios que no puedes dejar de visitar si pasas por Sevilla. Entre sus comedores y mesas se han paseado varias generaciones de lugareños mientras disfrutaban de sus variadas y muy ricas tapas.

-Hay que estar atento cuando entras al local porque la pizarra de las especialidades se actualiza con mucha frecuencia – le digo a mi acompañante, un colega inglés que ha venido a observar las obras del nuevo centro comercial – Es la hora del aperitivo y el Bar está bastante lleno, pero seguro que nos hacemos un hueco – le comento, mientras señalo la esquina derecha de la barra donde hay un grupo de chicas tomando algo. Al vernos acercar, una de ellas, coge sus bolsos que estaban ocupando un taburete y nos ceden un espacio pequeño en la esquina con una sonrisa, que yo devuelvo en señal de agradecimiento mientras, disimuladamente, echo un vistazo.

Una vez tomamos posesión de nuestro sitio, pedimos dos cañas que vienen con tapa mientras pienso que pedir para complacer a mi visitante. Para ello debo de dar un paso hacia detrás para ver la pizarra de las tapas que, colgada casi encima de nosotros no alcanzo a ver del todo. En la maniobra, me rozo sin querer con una de las chicas del grupo y me giro para pedirle disculpas. Ella sonríe, aceptando las disculpas y mi mano, que descansa en su cintura unos instantes, los segundos necesarios para sentir el calor de su piel a través de la fina tela. Ella la mira, yo la retiro, y se vuelve a la conversación con sus amigas, que me señalan con la cabeza sonriendo. A mí la pizarra de las tapas se me ha olvidado por completo al oler su perfume y como mi inglés está muy absorto en su móvil, me doy el lujo de echar un vistazo a la chica morena con la que he tropezado, mientras disimulo apurado la caña de un trago. Empieza a hacer calor.

El local se va llenando cada vez más y las chicas se ven obligadas a acercarse a nuestro pequeño refugio. Entre los platos con las tapas, los vasos de las cervezas y lo estrecho del hueco, es inevitable que la mano de la morena y la mía coincidieran al ir a coger una servilleta. Aunque es ella la que esta vez la deja unos instantes de más y sonríe distraída al retirarla para limpiarse los labios, ya sin ese rojo precioso que llevaba hace un rato…Esperanza, o al menos así la han llamado sus amigas que piensan que somos ingleses, porque mi colega no entiende ni palabra de español y hablamos en su lengua mientras él, animado por las cervezas, está haciéndole ojitos a otra de las chicas del grupo, una rubia con una risa contagiosa.

Dos rondas, cuarenta japoneses más y ya estamos pegados. Esperanza procura mantenerse erguida y yo moverme lo mínimo para no molestarle. Pero son inevitables los pequeños encontronazos que acercan nuestras miradas y nuestras pieles. El inglés se empeña en pagar una ronda para todos y cuando se lo digo a las chicas se sorprenden porque sea español y se miran entre ellas porque entienden que he escuchado sus conversaciones. Yo me acerco a Esperanza y les digo, por encima de su hombro, que estén tranquilas que Charles no se entera del español y yo soy una tumba.

Los primeros segundos la he cogido desprevenida. Mi mano en su hombro, cerca del cuello, dejada caer, suave y caliente, mientras me pego a su espalda para explicarles con demasiados detalles lo de Charles. Pero, mirando en el reflejo del espejo que tenemos delante la veo cerrar los ojos un instante, cogiendo aire y su cuerpo reacciona moviéndose ligeramente para pegarse un poco más a mí. Sigo hablando sobre banalidades mientras no separo mi mano de su cuello y siento cada una de las micras de la tela que nos separa, notado como se acopla a la evidente excitación que abulta ente mis piernas. Pero es al abrir sus ojos y mirarme fijamente a través del reflejo en el espejo, cuando entiendo todo, a pesar de las risas de su amiga rubia y de mi colega que no entiende lo que pasa pero ya está pidiendo otra ronda, acercándose disimuladamente a la rubia

En esa mirada, en esos segundos, el mundo tiembla a nuestro alrededor, pero a nosotros ya no nos importa…

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Ahora ya he comprobado que me has hecho caso, sé que no llevas nada bajo la falda, tal y como habíamos acordado y sonrió complacido de medio lado, dándole vueltas en mi dedo al anillo que me regalaste, como un gato que se relame delante de su próxima presa.. Si tus amigas miraran en tu bolso encontrarían el par de medias de encaje, el tanga con las puntillas que tanto me excita y las velas perfumadas que te gustan a ti y se mirarían, entre ellas, sorprendidas…

En unos momentos, sacarás el carmín y te pintarás los labios mirándose en el espejo, muy despacio, a mi lado, sin dejar de rozarme a cada oportunidad. Mirarás tu reloj asombrada de lo deprisa que pasa el tiempo y te despedirás de sus amigas diciendo que tiene que recoger un encargo. Yo dejaré a mi colega en las manos generosas de tu amiga rubia y, en veinte minutos, nos veremos en la puerta de nuestro hotel preferido. Ya tenemos habitación, la del espejo en el techo y la bañera redonda. Y toda la tarde por delante…
Me gusta sentirte excitada, representando esta comedia delante de tus amigas que ni saben ni sospechan de tus gustos. Si ellas te vieran como yo te veo a veces… no se lo podrían creer…

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Benditas sean las causalidades y las barras de algunos bares que encuentran y unen a personas bonitas. Gracias a @SpFacenda por enseñarme su ciudad, ese maravilloso Bar, e inspirarme para este relato.

 

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