El inglés – @_ej_es

Erica Jade @_ej_es, krakens y sirenas, Perspectivas

Las pecas siempre fueron una seña de identidad en ella. No, no vienen de mamá ni de ninguno de su familia, así que siempre supo que venían de él, papá. Mamá nunca quería hablar de él y lo único que desde el principio supo era que en el pueblo se referían a él como “el inglés”. Como si fuera el único que había pasado por allí, aunque eso es algo que tampoco averiguó nunca.

Mamá y Estela dejaron el pueblo cuando se decidió que, fuera lo que fuera, iba a estudiar en la universidad. Y, en esa época, ella ya había dejado de preguntarle a mamá porqué se marchó papá porque su respuesta siempre había sido que en realidad nunca estuvo, que no se fue porque nunca se quedó. Mamá tampoco quiso nunca contestar a la pregunta de si alguna vez supo de Estela. Y así creció, con la sombra del inglés presente, diluyendo las preguntas en silencios, aunque en un rincón, un poquito más oscuro cada vez,  el cartel de ausencia y abandono en letras grandes brillaba con intensidad.

Su relación con los hombres estuvo siempre impregnada del miedo a ese abandono añejo sufrido. Siempre pensó que, ya en el vientre, su madre debió transmitirle ilusión por la vida pero, sobre todo, un resentimiento a los hombres que le costó dejar a un lado, mucho. Las vivencias en la universidad consiguieron suavizar esas creencias que parecían estar grabadas a fuego en la piel; no fueron muchos los hombres que dejó atravesar su coraza pero mereció la pena. Y un buen día Mario apareció.

Estela no sabría decir si fue flechazo, esa palabra no la reconocía en su universo, pero el carisma de Mario le atrapó desde el primer momento. El desparpajo y simpatía que derrochaba la envolvía y parecía que él disfrutaba con su compañía. Fue un dejarse llevar a pesar de lo que su cabeza le decía: un chico que venía de familia bien frente a su ausencia de apellido paterno, a la precariedad económica en que ella creció a pesar de que nunca le faltó lo esencial. Pero el amor envolvió sus dudas y prejuicios, y durante mucho tiempo, la nube en que se halló inmersa, le hizo olvidar de dónde venía y cómo había llegado allí.

Y ahora Estela sabe que hay alguien más en su vida porque si está en la vida de Mario, lo está en la suya. Y sabe que es importante porque él ha cambiado. Lo curioso es que no ha cambiado con ella, lo jodido es que se ha dado cuenta que con ella no ha cambiado nada, pero tiene un brillo en la mirada y una alegría que hace tiempo que no le veía. Ella ya sabía que su relación no estaba igual de un par de años para acá pero, ¿acaso algún matrimonio lo está pasados unos años? Ellos llevaban juntos muchos años y Estela se había esforzado por crear el hogar que ella no tuvo, ese espacio que vio en la familia de Mario y en el que ella quiso verse reflejada.

Y ahora, aquella sombra que dejó su padre, parece haberse convertido en un mar que ahoga, atenaza y amenaza con arrasar con toda esa vida creada, dejándola a ella sola, varada en tierra de nadie. Estela no sabe qué tierra pisa, siente que no hace pie y no tiene nada a lo que aferrarse. No es consciente de qué es lo que le arrastra hacia el fondo. Suena How can you mend a broken heart y en su cabeza se suceden las imágenes de la última discusión allí, en esa misma cocina. Llora. Se ahoga. Se ve a sí misma en una versión que no reconoce, tratando de averiguar dónde estaba escondida aquella mujer que sólo sabe reprochar. Sube el volumen. Sabe que la siguiente canción que sonará es Tu sais je vais t’aimer, esa lista de reproducción se la sabe de memoria, Mario la hizo para un viaje que hicieron al inicio, en los buenos tiempos, y que ha sido su banda sonora una y mil veces haciendo el amor.

Se pone otra copa de vino, una botella especial que guardaba para algún momento especial y que ahora se le antoja escurridizo e inexistente. Así que llora, y bebe, y su mirada se pierde en ese taburete donde él estuvo sentado hace unas horas, mirándola llorar sin acercarse siquiera a abrazarle y sincerarse. Pasan varias copas de vino más hasta que decide que  la cama es un buen lugar donde ser acogida, al menos será cálido, y a la mañana siguiente debe recoger a su hijo para llevarlo al colegio.

Nicki Parrot suena ahora llenando la casa con I will wait for you y Estela se estremece, arrebujada en el nórdico que hace tiempo sólo usa ella. Y allí, con Morfeo comenzando a acunarla, una idea le asalta y sorprende, viene en forma de letras grandes y brillantes diciéndole que el abandono que la mata por dentro viene de lejos. Y llora, llora por esa niña que de repente siente que esa casa no es su hogar, que nunca tuvo uno completo, y que la ausencia que la ahoga tiene en realidad un nombre propio que ella no conoce y que sólo reconoce como el poso que dejó el inglés.

 

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