El idioma de la libertad – @dtrejoz

dtrejoz @dtrejoz, krakens y sirenas, Perspectivas

No conozco mejor forma de expresar libertad,

que la de un niño que arroja sus juguetes por la ventana.

 

Capítulo 1. 

-Todo empieza con «Buzz Lightyear» volando por los aires ¡Al infinito y más allá! pienso luego de verlo estrellarse en la banqueta. Detrás viene un minion de peluche…papaya, petete… y por último un «Bugs Bunny» ¿qué hay de nuevo, viejo? Los tres se ven maltrechos,  se ve que ya han caído muchas veces. Miro hacia arriba, buscando una explicación para esa lluvia de juguetes y me encuentro con una sonrisa de satisfacción, de objetivo conseguido, de desapego.

Aún no sabe hablar, pero ya sabe comunicarse. Con pequeños monosílabos expresa lo necesario, a veces solo son interjecciones. Ni siquiera conoce el concepto de prisión pero ya sabe como se siente, pero ya sabe como liberarse. A sus dos años no tiene mucho de qué preocuparse, el biberón corre por cuenta de mamá y lo demás lo trae el hombre que se va a trabajar por las mañanas, pero él quiere saber qué se siente al salir por esa puerta, para eso no tiene respuesta, pero pregunta a su manera. Gatea deprisa cuando alguien la abre, intenta alcanzar la salida antes de que el adulto vuelva a cerrar, no lo consigue, nuevamente llega justo para escuchar el sonido del pestillo y la risa del gigante…

-¿para dónde crees que vas? Le preguntan con un tono lleno de sarcasmo y apuro, el pequeño solo responde con un sonidito de júbilo, ha logrado enviar sus juguetes más lejos de lo que él jamás ha ido, mientras la puerta estuvo abierta logró arrojar aquellos tres muñequitos lejos de su alcance, comprendo que es un acto de total desprendimiento, de desafío a la distancia, de reconocimiento del espacio…la mejor forma que tiene para reclamar libertad en su lenguaje. Recojo a «Buzz Lightyear» y lo regreso al espacio aéreo, lo veo entrar por el balcón de ese segundo piso y nuevamente el niño asoma su curiosidad por entre las verjas de la ventana, sonríe afortunado mientras  me alejo del bombardeo.

 

“No hay barrera, cerradura ni cerrojo

Que puedas imponer a la libertad de mi mente”

Virginia Woolf

 

Capítulo 2. 

Se abre el telón. Se encienden las luces. El escenario está vacío, excepto por la silla de madera blanca que está en el centro y la mujer que está sentada en el piso detrás de ella, su posición es de contorsionista, sentada con las piernas abiertas y su torso tocando el piso, parece que le quebraron la espalda para hacer eso, la música empieza a escucharse y ella inicia su ritual. En principio está inmóvil sobre el piso, luego empieza a arrastrarse con una sutileza inquebrantable, como que emerge del dolor, levanta su espalda muy lento, parece enredarse entre la silla, parece bailar para ella… de hecho, el baile es de ella con la silla, yo solo observo. Entonces pienso en ella. En todo lo que esa mujer ha sufrido desde niña, la constancia que ha tenido durante largas sesiones de entrenamiento, todos los sueños que ha debido tener desde pequeña, todo el sacrificio que ha tenido que ofrecer para estar hoy aquí, demostrando esa belleza de la danza. Mientras se va desarrollando el espectáculo noto que en todo momento se mantiene cerca de la silla, es casi un baile rastrero, hace maniobras espectaculares, su agilidad es fantástica, se supone que se está arrastrando tras la silla pero su alma vuela, es libre, olvida todo lo que haya ocurrido en las horas previas, la presión, el compromiso, los ensayos, la envidia de las otras bailarinas, el cansancio, todo calla, todo es aire…su cuerpo cae, su mente sueña, una libertad que no se expresa con la boca.  Hay un pasado que la persigue. Se dice que fuera del escenario es ermitaña, que tiene una historia de abusos y agresiones a sus espaldas, algunos traumas que sólo ella conoce de frente, aunque todos los deducen en su expresión, en su mirar cabizbajo. El ballet es la nube donde su espíritu flota. Durante seis minutos todo desaparece para todos, ella olvida su pasado y todos olvidan que lo conocen, ella es la reina de la noche, su belleza al bailar mantiene a todos pendientes del desenlace. Un último paso la lleva a alejarse de la silla, parece que en definitiva se alejará hacia la cortina azul de la izquierda… pero no, regresa y termina dejándose caer sobre ella, contorsiona nuevamente su torso entre las piernas, se queda inmóvil, la cortina se cierra…el aplauso fluye, todos opinan de sus puntillas, de sus piernas abiertas sobre el piso, del Split del cierre… ¿le habrá dolido?

-Yo me ahogo en lo que decía su mirada.

 

Capítulo 3. 

 Hay muchas formas de ser preso, cada quien reclama la libertad que se merece, y mejor aún…cada uno con un idioma distinto, para expresarla de la manera que le conviene.

 

-Hazme un regalo, le dijo. Y se bajó las bragas.

Todo pasó muy de repente, desde el interior de su miseria la vio llegar, ella le brindó una mirada de cortesía y le ha sonreído amablemente. Lo demás nadie lo ve ocurrir, eso lo vive él en su lujuria. Y sí, lo disfruta. Se abalanza sobre ella sin intenciones de perdonar aquella piel, hace mucho que no tiene a una mujer para satisfacer sus deseos. La toma del cabello con exceso de agresividad, la pone contra el muro, su ritmo cardiaco se acelera, la ansiedad se apodera de su sangre, puede sentir cada bombeo de su corazón a lo interno, cierra los ojos y siente cada vena de su miembro llenándose de sangre, como pequeñas explosiones abasteciendo su erección, le lame el cuello, huele su cabello mientras saca sus dedos húmedos de la entrepierna de la mujer, la voltea y le arranca el vestido de un tirón, ella se queda entonces completamente desnuda y a su merced, aquellos pezones dispuestos, le tiemblan los labios de las ganas… La pone sobre el piso y lame su sexo, sus ingles, su ombligo, sus pechos, se complace en el sabor que le queda en la boca luego de recorrerla con la lengua. La ve retorcerse de deseo y de placer, la escucha decir su nombre de una forma tan sensual que arremete contra su pelvis, una y otra vez, la invade, penetra en su vulva mientras piensa que podría irse al infierno con tal de tenerla para siempre, con tal de satisfacer sus deseos. La hace suya sin remordimientos, disfruta, qué intenso…

Luego el tintineo de unas llaves, la maldición de su despertar.

Unos golpes de bastón lo hacen reaccionar. Un guardia  de la prisión le dice que se aleje de la puerta y que ponga sus manos sobre la pared del fondo, para introducirle la comida por la rendija que tiene la celda de seguridad, regresa a su realidad y maldice, cuando ya la tenía a su antojo lo despiertan… vuelve a su rutina mientras la mujer abandona la celda del frente, es una chica que ha venido a visitar a un hermano, simplemente lo ha mirado y le ha sonreído, pero su mente la ha desnudado y la ha tomado con desenfreno, el infierno emerge desde sus pensamientos y lo obliga a satisfacerle los placeres, podrá tenerla cuando le plazca, para eso es dueño de la única libertad que puede tener un condenado a muerte…la de su mente.

 

Un sueño de libertad es lo más

hermoso que tiene un hombre,

hasta que despierta a su realidad y

se ve vencido entre los barrotes.

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