El chico de la tercera fila – @Imposibleolvido

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Salón de audiovisual. Clínica  Psiquiátrica. 14:45.

 

Me llamo Celia. Tengo 58 años, 24 de ellos trabajando aquí, en la Clínica Psiquiátrica de San José.
Me dedico a mantener el orden y la limpieza a raya entre estas paredes. Todo aséptico e impoluto como en cualquier clínica  que se precie, aunque con un toque de esencia floral que me permito como toque hogareño para las fosas nasales de toda persona que aquí  habita.
La mayoría son internos, a algunos de ellos les tengo mucho cariño a otros simplemente asco.
No se suelen dar a conocer porque, por norma general, viven absortos en su propio mundo, anestesiados con medicaciones muy potentes o abatidos por tristezas tan profundas que los que nos limitamos a observarlos no somos capaces de comprender.

 

Vaya, de nuevo se llevan a Iván a la consulta de la Dra. Karmen, (con K).
 
De Iván poco sé, salvo que suele vestir de azul, que tiene la mirada perdida, nunca le he oído la voz y siempre se oculta en la tercera fila de la sala de televisión sujetando un libro sobre sus rodillas.

 

Consulta de la Dra. Karmen. Clínica psiquiátrica. 15:30.

Nombre: I.  S. M.
Edad: 42
Planta: 2 Habitación:102
Diagnóstico:
*Esquizofrenia. Pruebas de CBC, MI y CT negativas.
*Trastorno esquizoide, ausencia empática, nula capacidad social.
*Se niega a hablar. 8 meses de mutismo absoluto.
*Test de CI: 151. Altas capacidades. Capacidad lectora de al menos 4 idiomas. Comprobado. Desconocimiento total sobre sus estudios. No ha cooperado en las entrevistas médicas, ni verbalmente ni por escrito.
*Historial familiar. Desconocido.
Se procede a dar el alta al paciente con fecha de hoy. El paciente no reúne los síntomas de cuadro esquizoide.  No se detecta agresividad, ni trastornos de comportamiento reseñables en los 8 meses de internamiento en el centro. Se remite de nuevo a la comandancia para que termine su condena en prisión acorde a lo que dictamine la sentencia.


2°planta. Clínica  psiquiátrica. 16:10.


Celia había terminado su jornada en la clínica. Subió a la segunda planta para revisar la limpieza de los baños y de paso entrar en la 102, aprovechando que Iván estaría en consulta probablemente durante una hora y media como solía ser lo habitual.
Tenía muchas ganas hoy de ver a Lucas. Su Lucas. El chico de 14 años que compartía habitación con Iván.
En el café de las cuatro ella se había encargado de volver a echarle la pastilla azul desmenuzada en el vaso de leche que le daría la enfermera. Lucas debía de estar ya pletórico.
Abrió la puerta con decisión y la cerró con cuidado mientras iba quitándose las bragas.
Lucas estaba como siempre, atado a la cama, boca arriba con la cabeza ligeramente vuelta hacia la ventana, boca abierta y chorro de saliva bajando por su mentón. Mirada perdida en algún punto de otra realidad.
Celia apartó la sábana y se subió a horcajadas sobre la enorme erección que aquel pobre infeliz seguramente ni sabía poseer.
Tras cabalgar durante unos minutos y llegar al orgasmo, Celia se arrodilló sobre el colchón para hacerle una mamada… En ese preciso instante la puerta se abrió.


Comandancia de Villaerteio. 17:50h.
 
—Inspector, las dos patrullas disponibles han salido hacia el psiquiátrico. Ha habido un homicidio.
—¿Tenemos ya algún dato?
—Parece ser que el asesino es Iván Selmer…
—¿Por qué me suena ese nombre?
—Recuerda al matricida que pilló a su propia madre abusando de su hijo de 13 años?
—Sí, claro, la que abusaba del nieto, siempre tuve empatía con el asesino, pero ¿qué tiene que ver?
—Ha vuelto a matar, inspector.


El inspector Ramírez cogió la gabardina que colgaba tras la silla de su escritorio y salió velozmente de comisaría.



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