El amor no duele – @tijeramanca

Javier Esteban @tijeramanca, krakens y sirenas, Perspectivas 0 Comments

«Nos ha jodido que duele», responderás al título quizá.

Y yo seré muy breve: te mientes. Tu mentira depende de si quieres a alguien o no.

«Y de si te quieren a ti». Pues no. Si quieres a alguien y no te corresponden lo que estás haciendo es darte de hostias con un muro y mejor dar un rodeo. No. La persona no está al lado del muro. La persona es el muro. Al menos para ti. Y si intentas derribarlo, sea como sea, sólo vas a conseguir hacerle daño. A no ser que lo hagas a cabezazos, en cuyo caso te harás daño tú. Pero hasta que te revientes los sesos molesto vas a ser un rato.

No. Mira, puedes creerte lo que quieras pero el amor no es una puta guerra de asedio.

Vale, tú lo llamas «perseverancia». Te crees que por estar ahí ya haces algo. Que él o ella derretirá su coraza y bla bla bla. «¡Eso ocurre!». ¿Tú crees? Mira: lo que ocurre es que se da cuenta de algo en lo que nunca había caído: que existes. Y lo habitual es que, cuando se da cuenta, no tarde demasiado en arrepentirse. Lo siento. Esto es así. El Amor No Duele. Duelen las fantasías.

No te hablo por experiencia. Claro que no. ¿Pero tú qué te has creído? ¿Que voy a ponerme a contarle mi vida a un montón de desconocidos? Esto es ficción. Yo no estoy aquí. Por lo que tu sabes, puedo estar escribiendo desde mi estudio de sesenta metros cuadrados en un chalet con jardín en el que corretean dos niños rubios y hermosos como en los mejores sueños de Mengele vigilados por el amor de mi joven esposa modelo internacional y bloguera de automaquillajes. Por ejemplo. Así que no intentes replicarme. Si hay que entablar diálogo, hazlo contigo mismo. Yo sólo doy pautas, en eso consiste la literatura.

No soy tu amigo ni lo quiero ser. Te lo digo porque te veo inquieto. Te veo pensando: «este no sabe nada del amor». Te veo con ganas de explicarme. Insistes. Joder, siempre me tocan los lectores más tontos. Está bien. Lo repito:

El Amor No Duele. Duele el ego. El decir: «oh, Mundo, contempla la belleza de mi alma» y que la única respuesta sea el sonido de los grillos como en ese gag demasiado repetido de serie de dibujos animados para adultos. Si reduces el «Mundo» a otra persona cuya visión induce a determinadas secreciones hormonales procedentes de tus gónadas es tu culpa.

No soy tu manual de autoayuda para este domingo.

 

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