Échale cara – @Mous_Tache

Mous_Tache @Mous_Tache, krakens y sirenas, Perspectivas

Existe una delgadísima línea que ejerce de frontera entre no tener vergüenza y ser un sinvergüenza, y si bien técnicamente viene a ser lo mismo, la diferencia estriba en el saber estar.

Si alguna vez tuvo vergüenza, la perdió por el camino de los 33 años que cumpliría en unos días.

Laura nos conquistó desde el primer día y cuando me refiero a conquistarnos quiero decir que si alguno de nosotros fue castillo, depusimos nuestras armas al minuto de conocerla y enarbolamos la bandera blanca sin saber ni siquiera si iba a plantar batalla.

Laura tenía el récord de enamoramientos por minuto, de eso estoy completamente seguro. Bastaba una sonrisa suya para acelerar corazones hasta el punto de poder ser multados por exceso de velocidad.

Si analizabas sus características por separado, Laura era poquita cosa. El problema venía cuando la analizabas en conjunto, y me refiero al problema, a un problema con mayúsculas, a un problema superlativo, a un puto problemón: el mío.

¿Un problema? Sí, ella era mi problema y su solución.

Yo, como todos, competía por su atención. Haciéndome el desinteresado eso sí, que más que ser una estrategia era un mecanismo de defensa a usar en el caso de no ser yo el afortunado receptor de sus atenciones y poder esgrimir un “Bah, la verdad es que no me gustaba”, aunque la verdad fuese totalmente la contraria.

Hay quien vive la vida a su modo y quien le echa cara a la vida.

Yo soy de los segundos, de los que le echo cara, pero a veces, porque echarle cara significa que te cuesta, que tú eres de otra forma y en determinados momentos consigues sobreponerte a ti mismo.

–Has supuesto una revolución en mi mundo desde el día en que te vi por primera vez –Le digo una vez reunido el valor suficiente para hacerlo.

Al contrario, los que pertenecen al primer grupo, los que viven la vida a su manera son así, espontáneos, expresan lo que quieren conseguir y lo consiguen, no necesitan echar mano de ningún recurso que no sea inherente.

–Aún no eres consciente de la revolución que voy a suponer en él –Frunce los labios en un mohín que la hace irresistible, me guiña un ojo mientras se da media vuelta y se aleja. ¡Joooooder, me va a dar algo!

Yo le he echado la cara, es cierto, pero ella ha decidido adueñarse de todo.

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