Dormir en paz – @Silenciovioleta

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Me flipan los tíos que hacen que mi madre pueda dormir en paz.

Se quedó un rato mirando esa puerta como si fuese ya parte de ella después de escribir aquello y pensó si en vez de tíos tenía que haber escrito hombres y si alguna vez podría sentirse igual de segura ahí fuera. Tiró de la cadena y se guardó el pintalabios hecho trizas como quien se hace la promesa de no volver a besar nunca más.

Agarró el bolso nerviosa mientras pisaba restos de su dolor y abrió una puerta que le abofeteaba sin piedad contra el espejo.

Aquí estoy.

Se miró, primero la boca, luego la nariz, luego sus marcas, sus pecas, confirmó que los pendientes seguían ahí y por último, el lugar al que no quería llegar, sus ojos. Se enfrentó así misma con dureza. Esos ojos no pueden estar diciéndome que no soy fuerte, no puede ser. Recordó tuits que había tatuado en su carpeta, pensó en todas aquellas chicas a las que admiraba y se dio vergüenza. Ellas son tan fuertes, ellas no hubiesen permitido esto, ellas no estarían llorando como yo. Y se culpó tantas veces como miedo había en su cabeza.

Pensó en volver a aquel lavabo, encerrarse durante horas hasta que desaparecieran los espejos y las puertas. Se acordó de la adrenalina de su falda, comprada después de regalarle mucho a los demás. Le sentaba tan bien que hasta se daba vergüenza. Subió una Foto a instagram aquella tarde, le gustaba sentirse guapa, quizás por todas esas veces que se había sentido una mierda. Estaba eufórica con tanto piropo de tíos que no la conocían; lo ves? Yo también puedo ser como tú.

Se acordó de Eric, el chico que le mandaba dm por no dejar huellas que tuvieran que responder por él. Eric nunca mencionaba sus tetas, sólo le preguntaba casi cada día cómo estás?

Bah, seguro que tienen razón mis amigas y también me quiere follar. Su caos hacia juego con sus lágrimas, sentía que tenía que hacer méritos para que la quisieran.

En realidad no le gustaba una mierda salir de marcha, estaba cansada de la misma historia de siempre, chico conoce a chica, chica se sujeta el corazón. Tampoco le apetecía una mierda caerle bien a sus amigas y recibir aplausos por la espalda. ¿Qué soy?

Una chica guay que quiere ser guay para que no vean sus pozos? Una chica con tantos pozos que ya no sabe ser guay? O directamente soy esa parte de mi vida que no sé controlar porque el pozo está lleno de gente que ha querido ser guay ?

Ojalá algún día lo consiga, eso de quererme como se quieren los demás.

Le daba miedo salir, encontrarse con la cara de su agresor, decir que estaba bien y tener que pedirle a alguien que la llevara a casa. ¿Donde están las personas bonitas que jamas, pero jamas de verdad te harían daño?

Su madre siempre le decía que era muy duro ser mujer, que no fuese provocando, que no destacara nunca de las chicas, que provocaría envidias y que tenía que ser todo lo contrario a ella. Sus fotos siempre le recordaban la de veces que se había puesto el mundo por montera y se había equivocado. Su crianza sólo fue fruto de aquella frustración. Y en ese vaivén en el que ni tú mismo sabes quien eres, quiso saber más de su madre. La que callada fregaba los platos, la que sabía gritar como nadie si no hacía la cama, la que le enseñó a quererse tanto, a veces para nada.

No recordaba dónde estaban las medias ni tampoco donde había dejado su coraza, bueno, tampoco es tan grave, a otras las matan, he tenido suerte. Se decía mientras lloraba y lloraba buscando en la basura. Por favor, que no se lo cuente a nadie, por favor que no esté ahí fuera esperándome, por favor por favor por favor.

Yo sólo quiero quererme y que no te moleste que yo me quiera.

Pensó en la que quería ser después de aquella ultima hora, se pidió perdón, se terminó de vestir, se arregló el pelo, que no el alma, y se imaginó saliendo de allí como Alícia en el país de las maravillas, Dónde esta la galleta para hacerme más grande?

¿Dónde están todas las cosas que me digo cuando las necesito?

Yo no quiero a nadie que me salve, yo necesito que nadie tenga que salvarme.

A veces te sientes tan nadie que te equivocas de alguien. ¿Cuánto más falta para quererme? Todo esto ha sido porque no me quiero? Pero si cuando me he querido me he llevado un bofetón! No quiero que nadie me diga lo que tengo que pensar, sentir o hacer. No soy yo, no he sido yo. Maldita sea. Yo no tengo la culpa.

Voy a sonreír como si no hubiese pasado nada, cuando llegue a casa lloraré como si hubiese pasado todo. Venceré al miedo con el miedo a que me cambie, y cuando no duela, cuando ya esté segura de que nunca más volverá a pasar, cuando no vuelvan a mirarme como ganado, cuando pueda escribir sin ahogarme, cuando no tenga que gritar que me quiero, cuando no tenga que mentir si no entiendo nada, entonces, sólo entonces, podré dormir en paz.

 

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