Donde las dan, las toman – @sor_furcia

Sor Furcia @Sor_furcia, krakens y sirenas, Perspectivas

“Diez años ya, parece mentira…” pensaba mientras se pintaba los labios. Diez años desde que Luis y ella se conocieron, diez años juntos, diez años son muchos años… No eran de esas parejas que celebran los aniversarios, ni el día de los enamorados, pero una década es una década, así que Elena había organizado algo especial. Le llevaría a cenar al japonés que tanto les gustaba, y luego había reservado una habitación en un hotel de esos con jacuzzi, espejos, y demás objetos destinados al placer.

Elena y Luis eran una pareja normal, con su día a día normal, con las discusiones normales, y el sexo normal de quienes llevan dos lustros juntos… Con esta cita especial Elena pretendía que revivieran sus primeros meses juntos, donde el sexo estaba por encima de las obligaciones, del cansancio, de los dolores de cabeza… vamos, que follasen como conejos. Se había comprado un vestido de encaje negro y unos zapatos de tacón, porque a él le encantaba que se pusiera tacones, aunque ella lo odiaba… Se había dado una ducha con sales, para oler bien, había ido a la peluquería, y se había pintado los labios rojos, el carmín favorito de Luis. Él, mientras tanto, estaba con sus vaqueros y su camisa, en el ordenador, viendo los últimos resultados del fútbol. “Ya estoy lista”, le dijo, “Vale, ya voy” contestó él sin levantar la vista de la pantalla. Elena cogió el bolso y le esperó en el descansillo mientras él apagaba el ordenador. Luis salió con una sonrisa de oreja a oreja, y ella pensó que todavía le parecía muy guapo, él la miró de arriba a abajo, le silbó un “fiu fiuuu” y le dio una palmada en el culo.

Cogieron el coche y, mientras aparcaban, Luis la besó y le dijo “Gracias cariño, me encanta este restaurante”. Entraron cogidos de la mano y se sentaron uno enfrente del otro. Durante la cena hablaron de trabajo, de política, recordaron viejos tiempos, se rieron, se bebieron dos botellas de vino y, mientras comían el postre, ella se descalzó y le acarició la entrepierna con el pie mirándole a los ojos… Se lo habían pasado muy bien, pero todavía quedaba la sorpresa final. “No, no vamos a casa, yo te indico”, le dijo Elena cuando arrancó el coche. Y entre meterse mano, hacerle una mamada, quitarse las bragas y metérselas en el bolsillo de la camisa… le fue indicando el camino hasta el hotel.

Aparcaron, pasaron a recepción, y por fin, llegaron a la habitación. Elena cerró la puerta, se miraron sonriendo, y se arrancaron la ropa, como hace diez años, lo que ella quería. Luis se la folló allí mismo, contra la puerta de la habitación, en volandas… eso a ella le volvía loca. Sin soltarla la llevó hasta la cama, que tenía espejos en el techo, donde pudo deleitarse viendo como, aun con el paso de los años, Luis seguía teniendo un cuerpo perfecto. Estuvieron horas jugando, riendo, gruñendo, sudando, gimiendo… Y entonces él le pidió que se la chupara “Vale, pero me avisas, que ya sabes que no me gusta”, Luis asintió y le metió la polla en la boca bruscamente. Y, como era de esperar, no le avisó… Elena se fue al baño, escupió, se enjuagó y salió mirándole con cara de pocos amigos. “Perdona, cariño, es que ya sabes que me encanta… y es nuestro aniversario… anda, tonta, no te enfades, ven”, levantó el brazo y ella, a regañadientes, se acurrucó junto a él mientras le acariciaba el pelo.

Luis tardó tres segundos en quedarse dormido y en ponerse a roncar como un cerdo a causa del alcohol. Pero ella no podía dormir… y entonces recordó que en el bolso había metido unas esposas y varios juguetes de los que se había olvidado por completo con la emoción del momento. Se levantó sigilosamente, Luis seguía roncando, abrió el bolso, sacó las esposas y, muy despacio, le ató las manos al cabecero de la cama. Mientras apretaba el último cierre Luis abrió los ojos y, desperezándose, susurró “hmmm… ¿qué haces, cariño?”, “Nada, que ahora me toca a mí” le respondió. Elena se puso de pie sobre él, desnuda, Luis la miraba sonriendo y moviendo la lengua obscenamente. Ella también sonrió, levantó una ceja, se agachó sobre su cara, se abrió los labios, y empezó a mear.

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