Dios salve a la reina – @Netbookk

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

Un poco más. Tan sólo unos centímetros, porque me duele. El tamaño de su miembro es excesivo, como todo en él. Intento mover mis caderas de forma acompasada a sus brutales embestidas, dejando que mi sexo se vaya acostumbrando lentamente al enorme tamaño del suyo. La habitación huele a la guarida de una bestia, una extraña mezcla de sudor y almizcle… Consigo que entre otro poco más, debo dejar entrar su miembro hasta el fondo, es la ley, tiene que ser mía toda su esencia. Debo hacer que el maldito eyacule dentro de mí, hasta la última gota de su deseo animal. Así lo hizo mi madre, y la madre de mi madre y así hasta el inicio de los tiempos. Nosotras, las reinas, somos las responsables de mantener a salvo la colonia que habita la isla. Este diminuto reino que ha vivido fuera de todos los conflictos y las guerras de los hombres hasta hace unos días, cuando los barcos cargados con los feroces guerreros del norte, amparándose en la bruma, atacaron por sorpresa nuestro puerto destrozando las defensas del castillo; pasaron a cuchillo a todos los hombres, violaron a las mujeres y saquearon rápidamente toda la ciudad.

Dos días tuvieron colgando al Rey, boca abajo, en el dintel de la puerta del castillo, con la cabeza apenas colgando de un pequeño jirón de piel. Dos días en los cuales los cuervos que habían llegado en los barcos, le sacaron los ojos y picotearon sus vísceras. Anoche una rata acabó de roer la piel que soportaba la cabeza que cayó y empezó a rodar calle abajo hasta llegar al puerto, donde se hundió en el mar. Me dijeron que sus últimas palabras antes de que el gigante le cortara el cuello fueron: ¡Dios salve a la Reina!

Los animales entraron a sangre y fuego esa misma noche en las habitaciones privadas del palacio real, buscando a la Reina. No habría victoria total hasta que no la violen y asesinen como a su consorte.

Mi ama, viendo lo que se proponían, me escondió rapidamente en el serrallo:

– ¿Dónde se puede esconder una gota de agua, mejor que en el mar? – me susurró antes de dejarme en manos de dos de sus concubinas de confianza. Y marcharse a despistar a los brutos.

– Venid con nosotras majestad, a nuestro lado estaréis a salvo – me dijo una de ellas – cogiendo mi mano y haciéndome pasar por una puerta oculta detrás de un tapiz.

Y así fue como logramos burlarlos unos días. Aunque entraron arrasándolo todo, los barbaros del Norte, no consiguieron hallar a su presa más codiciada. Al día siguiente, viendo que no me encontraban, reunieron a todas las criadas interrogándolas sobre el paradero de la reina. Ninguna contestó y diez cabezas más rodaron hasta el puerto. Entonces el general decidió encerrar a todas las mujeres del harén, las únicas que quedaban vivas dentro del castillo, para disfrute exclusivo de su líder.

– Si no encontramos a la reina, al menos las violaremos a todas y luego, morirán. – dijo entre risotadas el bárbaro invasor -. Cada noche tres de ellas me harán gozar y cuando haya terminado con todas… Jajajajjaja… sus cabezas rodarán hasta el puerto.

Y así, cada anochecer tres mujeres, son llevadas a la alcoba del tirano. Esta vez, a pesar del celo de mis protectoras, me han elegido a mí de entre todas las del grupo, y ellas se han ofrecido a venir conmigo…

Ya tengo todo su sexo dentro de mí y ahora es cuando comienzo a sentirme cómoda. Ya puedo realizar mi labor. Empiezo a moverme lentamente, apoyándome en sus rodillas, subiendo y bajando mi cuerpo dejando que note como su enorme sexo me llena por entero, dominando sus torpes embestidas con los suaves movimientos de mis caderas. Cambiando el ritmo mientras una de mis guardianas masajea sus testículos y la otra le ofrece su sexo para que lo deguste con su lengua mientras sus enormes manos abarcan sus generosos pechos apretándolos sin piedad. La bestia parece a gusto, está excitado y eso lo noto… Pero poco a poco, yo también siento como mi excitación va en aumento, en consonancia con el incremento de mi poder, yo controlo la situación.

Estoy completamente mojada, mi flujo resbala por su enorme mandoble facilitando mi labor de subir y bajar, de entrar y salir de él. Sólo se escucha el chapoteo de su polla contra mi sexo mojado y el de mi culo cuando choca contra su vientre mientras me empotra. Sus gruñidos y mi respiración son cada vez más rápidos. Me siento poderosa, excitada y follada por este animal, pero soy yo quien domina la situación completamente. Subo y bajo por su sexo moviendo los músculos de mi vagina para que me sienta en toda su longitud. Eso le gusta… y esa sensación me encanta… ese poder es un gran poder.

De pronto, aparta de un manotazo a una de mis guardianas y le da una patada a la otra, para poder estár atento sólo a mis movimientos. Su gesto es de absoluta concentración y, a la vez, de un terrible desconcierto. Puedo leer en su mirada animal varias preguntas: ¿Quién es esta pequeña esclava que me está haciendo gozar de esta manera? ¿De dónde ha salido esta mujer que es capaz de abarcar mi enorme sexo, el mismo que ha desgarrado a tantas otras y jugar con él como si no fuera nada? ¿Cómo es capaz de hacer que sienta su sexo mojado como si fuera ella la que me estuviera violando…?

Pero yo ya no estoy para preguntas, he iniciado mi secuencia final. Ya no hay vuelta atrás y mis movimientos empiezan a ser mucho más urgentes, quiero, exijo mi premio. Tengo los pezones de punta y él abarca mis pequeños pechos con una sola mano pellizcándome sin piedad. Pero eso me gusta y se lo hago saber subiendo lentamente por la longitud de su sexo y dejando que sólo sea su punta la que se quede a las puertas de mi coño hambriento… sonrío sólo un instante y aprieto la punta de su verga con los músculos de mi vagina haciéndole estremecer para dejarme caer sin piedad empalándome con su sexo y haciendo que mi culo rebote contra sus piernas y sus testículos, antes de que pueda respirar de nuevo. Acaba de darse cuenta de que lo tengo en mi poder. Él, que creía ser el conquistador, está siendo conquistado y los temblores de sus piernas me dicen que está a punto de eyacular.

Era lo que yo quería, y justo a tiempo… empieza a oler a quemado…

Uno, dos, tres espasmos. Siento como fuertes chorros de semen caliente y espeso, golpean e inundan mi interior. Me llenan de gozo y es ese instante en el que me doy el lujo de disfrutar. Pierdo el control y me dejo llevar, rindiéndome al poderoso escalofrió que recorre toda mi espalda. Un inmenso placer me recorre desde los pies a la cabeza y comprendo, por fin, el sentido de aquello para lo que nací y he sido preparada. Me permito una pequeña e inocente venganza: le clavo las uñas en el pecho, pero él apenas lo nota.

La bestia ha sido derrotada por primera vez, le cuesta recuperar la respiración y su cara es un poema mezcla de estupor y satisfacción. El gran guerrero abatido por la joven doncella… Pero su instinto animal puede más que este breve momento de confusión, aunque él, pobre bruto, no lo sabrá nunca. Es demasiado tarde. Sin abandonar la ávida posesión de su sexo, me suelto el pelo con un leve movimiento. Asombrado por el espectáculo de mi melena, derramándose por mi espalda, confundido por la fiereza del orgasmo y cansado por la cabalgada que le he obligado a mantener, aunque el animal arrugue la nariz al oler a quemado ya no puede hacer nada por evitar la fina aguja que le perfora el ojo y le atraviesa el cerebro, matándolo en un instante.

Su parte animal aún le permite unos espasmos que me sacuden un par de veces más, antes de que su sexo se derrumbe ante la evidencia, Eso es bueno, ya que me facilita salir sin hacerme más daño. Como mantenedora de mi estirpe, necesito toda su fuerte simiente para alumbrar, dentro de nueve meses, a la nueva descendiente de nuestra larga saga de Reinas. Mis protectoras vuelven a entrar en la alcoba justo a tiempo. Me incorporo despacio, tengo las piernas entumecidas y debo procurar no perder una gota del preciado semen. Ellas me ayudan a ponerme encima una fina bata de seda porque quiero asomarme al balcón y oler el aroma de la venganza.

Desde allí arriba, estremecida por la brisa del mar, puedo contemplar como los tejados de las casas que rodean el puerto, están llenos de mujeres armadas con arcos y flechas incendiarias, que se afanan en acribillar y hacer que ardan las naves del invasor con todos sus tripulantes dentro. Ha bastado un poco de adormidera mezclada con el vino para hacerlos dormir contra su voluntad. Luego habrán soltado los cocodrilos que habitan en el foso del palacio para que den buena cuenta de los que intenten escapar, porque antes habrán cerrado el puerto con una pesada red que impide que nada ni nadie escape de allí, convirtiendo la rada en una trampa mortal.

..

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Desde el balcón más alto del palacio, erguida, arrogante y feliz, la joven Reina se acaricia la barriga donde ya late un nuevo corazón, mientras recibe agradecida, los vítores de su pueblo: ¡Dios salve a la Reina! Todas saben de que la isla, está de nuevo a salvo.

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