Diez locuras que hacer en caso de emergencia – @Patryms

Patryms @Patryms, krakens y sirenas, Perspectivas

Si no tenéis historias, no tenéis nada.

(LESLIE M. SILKO)

 

¿Conoces esos tutoriales para hacer una “buena maleta”? ¿Esos que te dicen cómo doblar la ropa, qué elegir, dónde colocar el neceser o cómo convencerte de que con tres vaqueros te puedes ir del país?

Olvídalos.

¿Recuerdas cómo han ido evolucionando tus deseos de Navidad? ¿Cómo hemos pasado de la carta a los Reyes prometiendo haber sido buenísimos, a la lista de propósitos para el año que viene en el que, esta vez sí que sí, vamos a ser buenísimos?

Desconfia. Las listas pesan más de lo que parecen.  

¿Has hecho ya limpieza de armario? ¿Has tirado ese vaquero que te pusiste siete veces en el 2014 aunque siga “como nuevo”? ¿Has vaciado ya el cajón de la ropa interior? ¿No crees que es hora de jubilar ese pijama?

Calma. Sólo son huecos, no agujeros.

¿Has felicitado todos los cumpleaños con ganas este año? ¿Has sido puntual? ¿Contestaste todos los mensajes cuando los leíste?

Sonríe. Todos lo hemos hecho.

¿Te ataste los cordones a la pata de la silla antes de soñar? ¿Has parpadeado demasiado después de apagar la luz? ¿Cuánto caso le hiciste a tu voz en off? ¿Te confiaste? ¿Abriste la boca y te salió el corazón? ¿Te lo han roto?

La cabeza, los sueños, a reír o a llorar se rompe, no se empieza.

¿Has perdonado de más? ¿De menos? ¿Te fuiste antes de tiempo? ¿Te quedaste esperando? ¿Viste llegar al “verlas venir”, a la vorágine o al golpe seco? ¿Dijiste adiós al salir?

 “Quién esté libre de pecado…”. No. Nadie levantará la mano.

Pensabas que…, creías que…, esperabas que…, quizás si…, a lo mejor si…, es que…, pero.

No contestes. (Y no (te) mientas).

¿Cuántas cosas se te quedaron en el tintero? ¿Y en la punta de la lengua? ¿Llevas la cuenta de los errores? ¿Y de los aciertos?  ¿Se te han dormido las piernas en el camino que no es?

Sigue siendo un paseo (aunque sea más largo).

¿Has aceptado todas las cookies? ¿Las de los lunes también? ¿Tienes actualizados softwares, hardwares, miedos y antivirus?

Truca los relojes. La sincronización está sobrevalorada.

¿Te has mirado en el espejo? ¿Y más allá? ¿Y por dentro?

Sólo son espasmos (también hacen cosquillas).

Llena una mochila de por sí acasos. Una que lleves contigo siempre y en la que te quepa el brazo hasta el fondo de la que echar mano rápidamente en caso de emergencia.

¿Y en que emergencia habrías de usarla? En cualquiera. Porque una buena emergencia sabe aparecer sin decir que se acerca; toca al timbre y cuando entra no dice si se queda a dormir. Así son las emergencias, vienen subidas en una canción, en una llamada, en una tarde aburrida o te esperan en la esquina del fondo de la calle. Algo parecido a las sorpresas, pero con menos prisa.

Dobla un par de sombras y échalas para cuando necesites un poco de espacio. Lee, sueña, baila, patalea o simplemente métete dentro. Úsalas, pero no las sumes ni te quedes demasiado en ellas, tienden a solidificarse.

Deja un sitio para cuando te quites la ropa y el disfraz. De vez en cuando te tirarán de la sisa; aprovecha y preséntate desnudo delante de los tuyos, y, si son otros, hazles un tour entre cicatrices, lunares, caricias y heridas por cerrar.  Y cuando vuelvas a vestirte no olvides guardar los puntos de vista nuevos en tu mochila.

Mete los sueños. Todos. Los rotos también. A lo mejor un día los coges de un puñado, están mezclados y de repente te encuentras con las manos llenas de un montón de detalles que tienes que volver a conocer.

Escoge unos cuantos libros por si tienes que salir pitando. Son un transporte rápido. Y mete también un par de poses de madre en jarras para cuando tengas que decirte que basta ya de remolonear.

No ocupes el sitio tontamente con calendarios, alarmas, cuentas o vasos medios. Deja huecos. Déjate los “antes” doblados en casa y usa el espacio que sobra para los “ahora” y los mapas que señalan las entradas en vez de las salidas.  Y no prestes tu mochila.

No te preocupes si parece que llevas poco o si tu equipaje no combina con lo puesto. Cabe en un bolsillo, en la palma de la mano o debajo de la almohada sin hacer bulto.

Sí, ha pasado un año. Sí, otro. Y es curioso, pero no, los dedos no pesan más si sumas todo eso que casi rozaron.

 

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