Dibújame una sonrisa – @LaBernhardt

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A Maya, la niña más bonita de Los niños perdidos.

Dibújame una sonrisa, Maya, que ahora me duelen hasta las pestañas; parir no es fácil pero a mí se me hace difícil, terrible de difícil, porque después de estos dolores no vas a estar para hacerme sonreír.
No recuerdo cuándo ha dejado de doler el aire, sí; porque hasta el respirar me ha dolido estos últimos 20 días. Creo que me han dicho algo así como «Tranquila, que en nada se termina todo, respira…» Creo que ha sido algo así y ahora estoy en medio de esta niebla, temblando. Hace un frío tremendo en este sueño, aquí, en ninguna parte, y estoy tan cansada que no puedo mover un dedo. Y de repente, apareces delante de mí, de espaldas y, sin ver tu rostro, sé que estás sonriendo. Me tomas de la mano, pero no consigo verte, hay demasiada niebla; claro, la pena trae niebla, vaya tonterías se piensan cuando estás anestesiada…
Me dejo llevar sin apenas distinguirte pero voy segura, me aprietas fuerte la mano entre tus deditos y mientras caminamos hacia no sé dónde, te miro y eres rubia, con el pelo rizado; normal, así te he imaginado estos meses, así eres, Maya.
De repente, te sueltas de la mano y corres, no distingo bien qué estás haciendo…espera, llevas una tiza…dibujas una casita, con sus ventanas, con su puerta. La abres y vuelves a por mí, tiras de mí, y yo, yo me dejo llevar a esa casa de tiza en la niebla.
Dentro, hay muchas puertas, y tú me llevas de una a otra. Abres la primera y me quiero morir de felicidad: es una habitación, no sé, no la conozco. Estamos papá, tú y yo. Eres tan pequeña, mi ángel.
Quiero quedarme allí pero me arrastras por ese pasillo gigante y abres otra puerta; y estás allí dentro; eres más mayor, 7 años, quizás. Vas con patines, te caes, lloras. Voy a por ti, te beso, te levanto.
Me cierras esa puerta tan rápido…y abres otra: ahora sí distingo esta habitación porque es el comedor de casa. Huna y tú dormís la siesta en el sofá, sois un lío de patas, brazos y manta, ¡y Huna está tan viejita!…ay, déjame quedarme un ratito más viendo cómo dormís, hay tanta paz en vuestros sueños…
Y en mitad de esta sonrisa, me mareo. Me mareo tanto. Me duele la espalda, y tengo frío, pero este frío es real. Mi cuerpo está volviendo a la camilla y ya no estás, ni veo tu casa de tiza pero yo sí sigo en medio de esta niebla que cada vez es menos densa.
Maya, te has ido y no te he escuchado hablar, joder, no sé cómo sería tu voz. Te has ido y te la has llevado. Me has pintado una sonrisa, pero ¿y tu voz? ¿Cómo recordaré tu voz si nunca la escuché?
Y empiezo a llorar tanto, tanto que necesito abrir los ojos al mundo, que se me van a ahogar si no dejo salir estas lágrimas…Me voy de este sueño, y justo antes de volver en mí, escucho unos pasitos rápidos y noto tu cara cerquita, y con tu voz preciosa, me dices:

«Despierta, mamá».

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