Después de ti – @reinaamora

Reinamora @reinaamora, krakens y sirenas, Perspectivas

A menudo me encuentro delante de un espejo que no devuelve más que una melancolía cargada de nostalgia monopolizando un dolor en forma de tiempo vivido contigo. A menudo empiezo a lamentarme por ese tiempo vivido, si fue, si es suficiente todo lo que viví contigo. ¿Si con querérte es suficiente? Me lo pregunto siempre que me refugio en ese momento del día que reservo para él mientras disfruto echándole de menos.

¿Qué hay más allá? Frente a un instante de tantos que compartimos, un simbolismo especial, en una plaza de una ciudad que lleva mi nombre, en una mirador, en una esquina, en un vino huérfano de conversaciones y complicidades. Ese vino que comenzamos después de una noche de amor, de risas, de sexo, de promesas por romper y momentos por repetir. ¿Qué hay después de ti ?

No puedo seguir ocultando ni negándolo. Miro el fondo de mi ser, contradictoria, quita el sueño y me llena la cabeza de fantasías. Momentos que fueron o pudieron ser. Nunca quise que fuera uno más, ni yo quise ser un triunfo entre sus pasos. Siempre le vi como el antes de una vida que merecería la pena y el después eternamente restringido a lo que sus párpados pudieran decirme. Después. Me lo digo con frecuencia.

—Después de ti.

Nada. La respuesta es nada. Todo se queda teñido por una caída de ojos provocada por una mirada fija, eterna. Incapaz de olvidarle dentro de mis venas, notando cómo circula dentro de mis deseos. Como el desierto que encontré entre sus manos, incapaz de quitarme la sed que me provocaba por mucho que bebiese de sus besos.

No me queda rincón en mi boca sin el sabor que me trajo con sus silencios en forma de besos, o el aliento que he escuchado desde que me fui.

—Después de ti.

Sigue sin haber nada que merezca la pena si no lo rompe con su forma de sentir la vida. La forma en que me pedía ir a su lado, olvidarlo todo. Cuántas veces lo habría roto, cuántas veces habría quemado los pilares del Cielo y el Infierno si me lo hubiera pedido. Sólo una vez más para ser suya.

No quise que él fuera sólo sexo, lo quise todo. Quise que fuera algo más que aquello que podía darme. Después…

No me importaban los después. Parecíamos estúpidos, vomitando tanta rabia contenida al vernos. Desbordando mis expectativas a cada caricia, a la deriva de sus momentos, de sus caóticos pensamientos. Sus contradicciones conmocionados ante lo que pudo haber sido, desafiando a toda convención desarmada de permisos. Nunca lo pedimos, ni nos importó, después de lo que vivimos, condenado bajo cualquier filtro de sensatez. La única actitud correcta fue entregarnos sin reservas, cuando lo único que importó fue respirarnos.

Después nadie podría reproducir lo que grabamos a base de frases, candados, ventanas indiscretas, cafés a solas, un reflejo en un espejo, que estaba loca de atar. ¿Tenía caducidad lo que sentíamos? Sigo extrañando esa certeza intrínseca en la locura que nos hundía el uno en el otro, arrastrado por su luna gruesa, preguntándome qué habrá después.

Aquí y ahora.

Tratando de descifrar el sonido que hacía un hombre al romperse en soledad. Cuántas variadas formas encontró de quebrarme con su ausencia y con sus besos. Alternando espacios, con la ausencia de vacíos. Escogiendo las palabras exactas que siempre me tenían junto a él.

—Ven.

No habrá ninguna versión de él después de él.

Después de él, habrá otras vidas.

Después habrá un oleaje de sensaciones por las que sentirme prisionera, ahogándome en penas y la ausencia de sus pupilas para darme aire. Boxeando para desearle, y recordándole en cada amanecer.
Amar de la única forma que sé vivirte. Amar sin límites.

—Después de ti, me queda una vida por seguir aprendiendo, que no hay mayor libertad que dejar ser.

Y sin embargo…

 

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