Deshauciados – @JokersMayCry + @Moab__

JokersMayCry @JokersMayCry, @Moab__, krakens y sirenas, Perspectivas

    “¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!”

(Arnaud Amaury, (1160-1225) Arzobispo de Narbona)

Paseo por los burdeles de la memoria, a ver si consigo descubrir cuándo la vida se volvió tan puta como para venderse al mejor postor por un puñado de caricias. Por “te quieros” de saldo y mimos de mercadillo con tan poco valor como la palabra de un alto el fuego en Siria o la Franja de Gaza, por efímeras atenciones bajo la luz de una luna que derramó su oscuridad perversa sobre tardes veraniegas de pan con chocolate, chorreando cloro, rayos de sol y ruedas de bicicleta.

La busco y no la encuentro… Parece que siempre fingió ser la niña feliz jugando con sus muñecas rotas abrazada a ese osito de peluche que era su inocencia y con el que el destino se limpió la polla después de violarla.

Y se hizo su refugio en los corazones desahuciados de sentimientos, vaciados a patadas de sonrisas, de sensaciones y de sueños. En esos corazones se esconde la niña-puta muerta de soledad, muerta de incomprensión y miedo porque no entiende cómo hemos llegado a esto.

Ella, que salía con su falda floreada, su muñeca y su cometa en un día de cálido viento, ha tenido que huir corriendo porque del cielo, súbitamente teñido en sangre, está lloviendo fuego.

Y de la noche a la mañana se entonan los lamentos por los muertos donde antes se afinaban las voces con cantos dedicados a los dioses mientras resuenan por las calles gritos, metralletas y explosiones que envían con su Creador a culpables e inocentes.

Entre las ruinas de un colegio, se apaga la mirada de otra niña abrazada a su muñeca…

Ahora la peregrinación sustituye a la procesión, aunque la de verdad va por dentro, esa que se refleja en las mejillas cadavéricas del padre que abraza una bola de hambriento llanto contra su pecho, en los pies antes ligeros en danza sobre la hierba que ahora mezclan su sangre con el polvo del destierro, en la huida en silencio, en los ojos que gritan auxilio clavados en un horizonte color corazón de acero. En los gritos de “¡madre!”, ahogados por el repicar de la lluvia y el estruendo de los truenos, que una mujer ya no escucha porque nunca volverá a levantarse del suelo. Enterrada en un camino que prometía ser salvación y ha resultado ser cementerio.

Bajo el diluvio llora otra niña que ha perdido a su muñeca…

Se elevan plegarias desde el púlpito, al que se aferran unas manos limpias que nunca han hollado tierra, orando apasionadamente por la vida arrastrada de unos mendigos desahuciados por la guerra que nada importan porque están lejos, rebotando contra subfusiles y alambradas, siendo víctimas de nuevo. De la apatía del clero, del miedo del pueblo y la hipocresía del cobarde pacto de la vergüenza de la casta del Premio Nobel tan políticamente correcta.

Y vuestra sangre será azul, sí, pero por la asfixia de los pueblos muertos de frío en las fronteras del abandono, desahuciados entre el barro de la negligencia de este mundo sin conciencia donde se pisotean los derechos, la dignidad… y una pequeña mano que no es de muñeca…

 

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