Desaprendiendo – @CarlosAymi

Carlos Aymí @CarlosAymi, krakens y sirenas, Perspectivas

Aprendiendo hago camino.

Desaprendiendo, lo reinvento.

 

Es la tercera vez que empiezo este texto, en mi primera versión iba a contar que el feminismo vive una guerra en su propio seno, mi argumentario apuntaba tan brillante como polémico, pero no sé bien, si la pereza o el miedo, deshizo mi lengua. El segundo intento bebía de La estructura de las revoluciones científicas de Thomas S. Kuhn, para demostrar lo listo que soy, pero me demostré lo contrario, una vez más, y decidí arrancar también esa hoja.

Aprendiendo hago camino.

Desaprendiendo, rompo muros.

 

Tres cervezas desataron mi último bloqueo, si ayer era una, ¿mañana seré alcohólico? He viajado tanto en los trazos imprevistos del bolígrafo, que soy un adicto. Y ya se sabe que un adicto hace lo que tenga que hacer por su droga. Escribir no es una excepción, y si anhelo jugar con las palabras, es mi particular (por pobre que sea) venganza contra la vida, que juega en contra mía a base de hechos.

Aprendiendo hago camino.

Desaprendiendo, lo imposible queda menos lejos.

 

La verdad (que además no existe) siempre llega tarde. La verdad, a menudo desagradable, pocas veces se esconde (bien). La verdad, jodidamente compleja, importa poco, la gente no quiere la verdad, la gente quiere tener razón. La verdad no tiene sexo, es una patada en los huevos, es una patada en los ovarios. La verdad, que huele mal, o lo que es lo mismo, que huele a muerte, cada vez nos sonríe más cerca.

Aprendiendo hago camino.

Desaprendiendo, disfruto el laberinto.

 

Somos cuatro heridas repetidas hasta la saciedad. El maquillaje se desmorona con presteza, al menos si piensas en su maquinaria. Si no lo haces, puedes respirar engañado casi cualquier aire pútrido. Privilegio es abrirse los sesos con la duda, quien no crucifica sus certezas tal vez viva feliz, pero nunca entero. Solo quien vive roto puede estar completo.

Aprendiendo hago camino.

Desaprendiendo, engaño mi final.

 

Lo que no sabes cómo empieza, no sabes cómo termina, a todo lo que hay entre medias, se le llama vivir. Privilegio es poder perder el tiempo con el estómago lleno, la esperanza vacía y la cabeza revuelta. No tener remedio, porque leer y escribir, ese sinsentido, sea, si no el destino en el que no creo, sí la libertad que me he impuesto.

Aprendiendo hago camino.

Desaprendiendo, también.

 

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