Dejen salir antes de entrar – @_Marla_Sercob

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Desde muy niña, me enseñaron que esta frase era una mera cuestión de protocolo, de educación social y que eso era lo correcto. Y yo sólo hacía uso de ella cada vez que montaba en transporte público.

Pero la vida siempre nos tiene reservada otra lección. Así es ella, dando golpes certeros cuando menos te lo esperas, porque el dónde siempre lo tengo claro.

Y después de dolerme un rato largo, lo entendí todo. Y vi que lo mejor era sentarme con la propia vida a mirarme por dentro. Y me miré.

Y me atreví a hacerme la autopsia en vivo, porque era la única manera de no estar muerta de verdad y del todo. Y entré de golpe. Apartando todas las vísceras, abriendo todas las heridas mal cerradas, hasta dar con lo que más dolía. Hasta dar conmigo. Y lloré.

Me di cuenta, que siempre había estado caminando en círculos, dando rodeos al olvido para no olvidar del todo. Que ya no quedaba nada que no tuviera el color de la tristeza. Y que para mí, cualquier día era lunes o domingo por la tarde, que no sólo es lo mismo si no que es mucho peor.

Y llegado ese momento, cuando descubres que ya está todo llorado aunque sigas llorando y que todo nos queda demasiado lejos aunque lo tengamos al alcance de la mano, hay que limpiar. Sacar todo lo que muerde aunque ya no quede nada por morder. Recoger escombros de todas las manchas y marchas, de todas las penas y remordimientos.

Tender la mano al perdón antes de que deje de importarnos porque entonces ya no tiene  mérito. Y sobre todo tendernos la mano a nosotros mismos y perdonarnos incluso lo que  no hicimos.

Dejar espacio, o de lo contrario no cabe más. A veces, ni uno mismo.

Porque es la única forma de poder decir un adiós llenito de hasta nunca.

Que al final todo esto trata de dejar salir aunque no entre nadie,  o sólo conseguiremos atascar la salida. Porque de lo contrario, el café solo y a solas siempre resulta mucho más amargo y la moneda cae siempre del otro lado en el que te pongas. Y pierdes. Porque así, siempre pierdes.

Tenemos que hacer que entienda el corazón lo que a la cabeza ya le quedó claro. Y una vez todo fuera, ya vamos viendo si queremos que la nueva tormenta que vemos en el horizonte venga directa a nosotros o no.

Así es que sí, he limpiado todo porque voy a dejarte entrar, pero tú querido, tú antes… invítame a salir.

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