De otro planeta – @_soloB

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Otoño 2000:
Sábado noche. Preparada para salir con mis vaqueros ajustados, un top negro que marca mi delgada pero curvilínea silueta, chupa de cuero con cremallera subida hasta el cuello para no dejar ver lo que llevo puesto. Aún así, me veo obligada a cruzar el salón para poder llegar a la puerta de salida, la que me lleva al paraíso de la desconexión de esta casa, de este grupo llamado “familia”.

Me como el mundo con 22 años, o eso es lo que yo creo. Mi música, mis amigos, bailar y liarme con algún tío que, de paso, me de cariño. No quiero pensar nada más. Seguro que mañana tendré a mi madre comiéndome la cabeza y a mi padre haciéndose el sordo con los gritos de mamá… puff la misma mierda de siempre. Paso.

La noche es joven, y yo más.

Domingo a mediodía. Suena “El Otoño” de Vivaldi. Entro con la nariz arrugada y el ceño fruncido al cuarto donde mamá está ensayando:

– ¿Siempre tienes que despertarme así los domingos? ¿No puedo dormir como las chicas de mi edad que salen y sus madres hasta les traen zumo de naranja a la cama?

-Hija, relájate. Si sales por la noche, por el día no se puede estar vagueando en la cama. Llevas 3 suspensos en la primera evaluación. No puedes seguir así, con esas amistades que te están llevando por mal camino. Yo todo te lo digo por tu bien. ¿Qué te crees?

-No, tú no me lo dices por mi bien, tú lo haces por fastidiar. Y te crees que por despertarme me voy a poner a estudiar. Pues te equivocas. Con tus castigos, ¡no consigues nada!

Primavera 2002:

Esta Semana Santa va a ser distinta. Me voy a ir con Rubén 4 días a una casa rural en la montaña. Y por supuesto, Ana, es mi cómplice. Así no tendré que oír pegas de que soy una niña, que ese chico no me conviene, que no me centro, que estoy hasta las narices ya, ¡coño!

Suena “Concierto para violín Nº1” de Mozart. Yo haciendo la maleta, mamá entra en mi cuarto. Reconozco esa cara…Diossss, ¡me ha pillado!

-Lucía, ¿por qué me mientes? He hablado con la madre de Ana. ¿Acaso crees que tu madre es tonta? No vas a ninguna parte, ese chico sólo quiere aprovecharse de ti. ¿No te das cuenta que sólo quiere sexo? Que no te hace ni caso, que no te cuida, que no se preocupa por ti. Vete a saber con cuántas más está a la vez que contigo. Lucía, por favor, hazme caso…

-Te odio mamá. ¡Te odio!. Vives amargada con tu carrera frustada de violinista y te crees con el poder de la verdad absoluta. Cómo se nota que no has tenido juventud y pretendes hacer lo mismo conmigo.

Me jodo y me quedo aquí, pero que sepas que eso no va a impedir que siga viendo a Rubén, ¡te jodes!

Portazo. Lágrimas rodando por mi cara, y mi madre ensayando al otro lado, como si nada…

Verano 2010:

Han pasado 9 años desde aquella fatídica noche en la que mamá nos dejó de repente. Yo no consigo superarlo, qué absurdo, eso no se supera en la vida.

Todo ha cambiado, mi mundo se ha hecho minúsculo, papá parece otro, ha perdido 10 kgs y el norte, ayudado por otra mujer, una “amiga de siempre” de la familia.

No se lo perdono. Soy una egoísta, no concibo que le regale “te quieros”, que la abrace, que pase más tiempo con ella que conmigo.

Mamá, tú no lo sabes, pero eres de otro planeta. Me odio por todas las veces que creí que hacías cosas por llevarme la contraria, porque pensaba que te daba envidia que yo disfrutase de mi juventud ya que tú no habías podido hacerlo de la tuya.

Te echo de menos en cada rincón de la casa, en el hoyuelo al final de la curva de mi espalda, donde siempre metías tu mano para hacerme cosquillas; en mi nariz, cada vez que me la cogías con cariño y sonreías: ¿De quién es esta nariz?
-Tuya, mía, tuya, mía…

Me odio por no haberme dado cuenta de tu enfermedad, por no haberte pedido perdón a tiempo, por todas las veces que te hablé mal, por no haber sido más comprensiva contigo.

Clamo al cielo porque no sé dónde estás, y daría lo que fuera por tener de nuevo unos segundos para abrazarte. Por sentir tu piel pegada a la mía, por besar tu cara y pedirte perdón, mirándote a los ojos,  por todos los disgustos que te he dado.

Y es que, mamá, tú que tantas veces me decías “cuando seas madre lo entenderás” ¿Sabes?, ahora que estoy embarazada me doy cuenta de la verdadera naturaleza de la que estamos hechas. Somos fuertes, altruistas, preocupadas desde la semana 4 de las vidas de nuestros cachorros hasta el fin de nuestros días. Somos de otro planeta, porque no hay amor, capacidad de sufrimiento ni entrega que explique de qué material están hechas las madres.

No te preocupes mamá, sobreviviré por ti, como tú lo hiciste hasta el último día por mí. Tú, sin saberlo, me has dado toda la fuerza para continuar, mi pequeña Carla ya da patadas y parece que tiene prisa por salir y que le hable de ti. Yo te guardo ahora y siempre en mi memoria, en mi corazón, en mi alma, y en Carla.

Y ahora que suena “Requiem en Re menor” de Mozart , yo te veo a ti con tu violín, tu sonrisa, tu pequeño cuerpo de manos delicadas, tus arrugas de tanto vivir… y te prometo por tu nieta que yo quiero seguir viviendo por ella y por ti. Para contarle a ella la gran mujer que fue su abuela, aunque ya no estés con nosotras.

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