De satén negro – @Mous_Tache

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Por un momento creí que las carcajadas eran las tuyas y corrí a su encuentro para darme cuenta, decepcionado, que la dueña de las risas no poseía tus ojos.

Llevo días visitando todos los lugares que solíamos frecuentar esperanzado en encontrarme nuevamente con tu mirada, pero han sido intentos inútiles.

Me resisto a lavar el vaso del último café que tomaste en la casa que hemos compartido durante estos últimos años. Aún conserva la marca de tus labios, los mismos que hace poco me besaban y me decían que no nos separaríamos jamás.

No hubo discusión ni portazo ni señal. Simplemente te fuiste, sin avisar.

Tu armario está intacto, perfectamente ordenado, no te llevaste nada. Pareciese como si en el sitio en el que hayas iniciado tu nueva vida ya lo tuvieses todo previsto y organizado.

Buscando entre la ropa doblada de tus cajones encuentro el kimono de satén negro que compramos juntos y con el que bailabas para mí mientras, absorto, era incapaz de apartar de ti mi mirada. Tampoco hace tanto tiempo desde la última vez.

Lo he situado encima de la cama, me he sentado en el borde de la misma y no he podido reprimir el ahogo en mi garganta. Sí, te echo de menos.

Prometiste hacerme feliz y lo hiciste, es cierto. Incluso habiéndome abandonado sin mediar palabra guardo los mejores recuerdos tuyos.

Todos guardamos secretos incluso cuando prometimos no hacerlo. Tú me ocultaste la fiesta sorpresa que preparabas por mi cumpleaños y yo que porto una enfermedad que me está comiendo por dentro.

Prometí sobrevivirte porque hasta muerto no podría soportar tu dolor pero tenía mis dudas de poder mantener mi juramento aunque, ya ves, siempre cumplo mis promesas, hasta cuando no las cumplo.

Una llamada, sólo una y no eras tú. Una voz quebrada para anunciarme que no volvería a verte nunca más, que los accidentes pasan y que fuese fuerte.

Nada es cierto ni nada es mentira. Uno es como es hasta que deja de serlo.

Tan sólo temo cometer algún pecado y quedarme atrapado a medio camino de la distancia que nos separa, llámalo purgatorio, pero ya me conoces, encontraré la manera de torcer mi suerte para acercarla a la tuya.

Los restos de tu olor en el kimono, dos botellas de bourbon y medio centenar de pastillas deberían ser suficientes para volver a encontrarte, o al menos, intentarlo.

Siempre te dije que moriría por ti. Me callé que moriría por estar a tu lado.

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