De cara a la pared – @Imposibleolvido

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Hay mujeres que aún se sienten culpables por vivir su sexualidad al cien por cien, sobre todo con el sexo oral y, no por practicárselo a sus parejas, que aunque sea una vez al mes por obligación lo hacen a regañadientes, no. Les da vergüenza cuando sus parejas les quieren practicar el sexo oral a ellas. Mucha vergüenza y miedos por la educación recibida, por el qué dirán los hombres de mí o qué pensará si lo disfruto en exceso. Y esto estando en el año 2018.
Desde aquí animo a toda mujer a dejarse llevar, a vivir sin miedos lo que pueden llegar a sentir. Esto es una llamada a la revolución y a dejar de ponernos a nosotras mismas de cara a la pared. Va por todas vosotras.

 

Abres los ojos porque su boca juguetea en tu entrepierna, te despiertas poco a poco mecida en esas sensaciones que te está provocando, lánguidamente, lentamente, te desperezas sonriente sobre sus labios, abres bien los muslos y miras hacia abajo, bamboleas despacio el cuerpo, como empezando un baile ritual, un cortejo.
Te mira desde abajo y muerde, notas ese mordisco como en otro plano, sueltas el aire de golpe. Algo ha despertado dentro de ti así que agarras su pelo y vas acoplando el ritmo de tus caderas a sus caricias húmedas, gimes, cierras los ojos, el placer hace que tu sangre se espese en las venas, empiezas a sudar, el placer va a más… sientes cómo te vuelves animal, instinto puro, movimientos que ahora se vuelven mágicos y te hacen suspirar, desear, querer fundirse.
Es inevitable, pides más, más, más adentro, más rápido, más profundo, más rudo, más, en bucle, más… No, no quieres más, lo quieres todo.
La sensación comienza a elevarte hacia algún punto muy alto en algún universo paralelo, cada vez más arriba, más libre. Sabes que vas hacia un punto de no retorno, llevas el itinerario grabado en tu ADN, y sigues ascendiendo, buscando, intentando llegar. Alcanzado este punto no distingues entre lo tangible y lo intangible, hasta olvidas que hay otra persona ahí abajo provocando el vuelo, sólo existe un mar de sensaciones y tú intentando llegar a no sabes exactamente dónde porque parece que aún subes más y más arriba. Sientes que te vacías, sin barreras, sin piel, ni músculos, ni huesos, ni carne… Etérea cual aire y, justo ahí, abres alguna fuente interna que te libera y llena de placer. Te recorre todo el cuerpo, como electricidad, consciente de cada terminación nerviosa y cada célula que forma tu organismo.
Y caes a plomo de nuevo en la realidad, vuelves a sentir el pelo de él entre tus dedos, el tacto de las sábanas en tu espalda, el sudor que baña tu cuello, el roce de esa lengua que sigue buscando… No puedes ni siquiera respirar con normalidad, como si el viaje hubiese sido a la carrera y cuesta arriba. Qué cosas, ¿Eh?
Notas caer las lágrimas por tu cara, sonríes, levantas tirando de él hacia arriba, lo besas y es tu propio sabor el que hace que vuelvas a sentir el eco de lo vivido, de esa revolución interna que dura unos segundos. Espasmos musculares lo llaman. Sonríes de nuevo con la certeza de saber que ese día va a ser un gran día.

Sales de casa dispuesta a comerte el mundo.

 

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