Culpa tuya – @Imposibleolvido + @Moab__

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¿Puedo esconder las manos en tu cuerpo?… Ella sonreía timidamente mientras me lo preguntaba y no podía apartar de mí el deseo de que lo hiciera. Me atraía poderosamente. Lo sabía la muy hija de puta y su novio y el mío jugaban al billar al fondo del local, ajenos a lo que estaba pasando en la mesa, donde el alcohol y el deseo se estaban saltando todas las normas establecidas.

Me agarró de la mano y la deslizó por su muslo. No llevaba medias y tenía la piel suave y tersa. Los dedos me temblaban ligeramente, No supe si abordar directamente o recorrer el filo de sus braguitas y contentar mi deseo con una simple caricia pero ella acomodó su postura y sus piernas se abrieron invitándome a avanzar. Nuestros ojos estaban atrapados, fijos, dos pares de pupilas enredadas y dilatadas por la locura transitoria del momento, el retumbar de mi latido iba acompasado al suyo que notaba en la yema de mis dedos, sentía en ellas el calor de su entrepierna. Le acaricié suavemente la ingle, deleitándome en su tacto. Suspiró y, sin poder contenerme, acerqué mi boca a sus labios entreabiertos, mientras mis dedos tocaban, casi sin querer, la tela de sus bragas. Exhaló un ligero gemido y su aliento rozó el mío. Desvié un momento la mirada para tener controlados a nuestros novios y entonces, sentí sus dientes en el lóbulo de la oreja. “¿Bailamos?” Me susurró.

Y me levanté apresuradamente hacia la pista tirando de su mano, completamente desbordada por la tormenta interna de contradicciones, ¿Qué coño me pasa?, ¿Por qué estoy tan excitada?, tiro de ella hasta la pequeña y desierta pista de baile mientras suena uno de esos ritmos tan de moda que tanto odiaba, sí, lo he dicho bien, odiaba, en pasado, no creo que vuelva a escuchar una canción de reguetón sin visualizar sus caderas bamboleando ritmicamente contra mí. Su mirada clavada en mi boca mientras gesticulan sus labios la letra… “suavecito, (roce) dámelo, siéntelo, (golpe contra mi ombligo) toma, cógelo, muévelo, (roce) suavecito…”

Boca seca, zumbido en mis oídos, peligro, atchung, atchung que me envalentono en cero coma y aquí se lía el “pifostio”.

Su cuerpo está pegado al mío. Se frota, se desliza, me lleva a la locura, me trae por la calle de la amargura y me mira a los ojos todo el puto tiempo. Suavecito, como ella me dice, deslizó las manos por su cintura, por su vientre, por sus caderas… Le doy la vuelta y su espalda queda pegada a mis pechos, su culo se frota contra pelvis y yo no puedo ni quiero evitarlo. Mis labios recorren su cuello y mis dedos sus muslos. Atrapo entre ellos su sexo y empiezo a masturbarla suavemente ahí mismo, en mitad de la pista. Me la suda Alex, mi novio y Juan, el suyo. Sólo quiero que se me quite esta ansia que me recorre el cuerpo.

—Hola, la tierra llamando a Ana… ¿Sigues en la conversación?

Me sonrojo casi por completo, como si Esther se pudiera dar cuenta de que estoy recordando la noche del viernes de hace dos semanas, nuestro encuentro  en la oscuridad de aquella pista de baile…

—Perdona Esther, estaba en otra parte…

—Ya, no me lo jures. Te preguntaba que por qué has roto con Alex.

Formuló su pregunta y se quedó mirándome sin saber lo mucho que me costaba no lanzarme de nuevo hacia su boca y saborear de nuevo su sabor.

—¿De verdad que no sabes porqué?…— Me siento enamorada de esa cara que me observa atenta, de esta amiga que de repente significa todo lo que nunca imaginé y contengo el torrente de palabras en mi garganta casi ahogándome con ellas.

—No, Ana, no tengo ni idea. Lo he visto bastante jodido esta mañana y no sabía ni cómo consolarlo. ¿Qué ha pasado, dime?

Me doy cuenta en ese momento de que para ella aquel episodio a media luz, aquel mágico momento entre las dos no significó nada, quizá ni siquiera lo recuerda por la cantidad de alcohol que llevábamos encima. Así que no sé qué contestar.

—Digamos Esther que la culpa fue tuya.

Me levanté  pagué el café y me fui.

 

A veces es mejor no enseñar todas las cartas porque es posible que ni siquiera estéis compartiendo el mismo juego.

 

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