Cuentos para no dormir – @Moab__

Moab @Moab__, krakens y sirenas, Perspectivas

—Érase una vez, en un país muy, muy lejano…

—¿Yaya, dónde está “Muy, muy lejano”?

—¿No ibas a dormirte mientras te contaba el cuento?

—Sí, es sólo que quiero saber si esto pasó cerca o lejos de aquí y si es el mismo país de los otros cuentos.

—Fue lejos y no, es otro país, pero también muy lejos. Y ahora, silencio y cierra los ojos.

—Vale.

—“En un país muy, muy lejano, vivía un rey muy bueno con su hija, la princesa, a la que pusieron un nombre que ya nadie recuerda, pero a la que todo el mundo llamaba Blancanieves, por la blancura de su piel. Su madre había muerto al darla a luz y el rey, que la amaba de verdad, se quedó muy triste. Tanto que no quería volver a casarse, pero al empezar a crecer Blancanieves (siendo una niña muy buena a la que no había que insistir para que se durmiera), sintió que era egoísta privando a la niña de una presencia maternal que la cuidara y la ayudara a hacerse mujer”…

—¿En qué la tenía que ayudar?

—¿Q… qué?

—Que ¿para qué necesitaba Blancanieves una madre que la ayudara a hacerse mujer? ¿Eso no se hace creciendo y punto?

—Nuria, ¿no me has dicho que te ibas a dormir?

—Es que no lo entiendo y si no lo entiendo no me duermo.

—¿Qué no entiendes?

—Para qué necesita a una mujer para hacerse mujer. ¿Es que se contagia?

—¿¿¿Qué??? ¡No! El padre quiere darle una madre a Blancanieves porque nada puede sustituir el amor de una madre…

—Pero una madrastra no es su madre, así que realmente estaría tratando de sustituir el amor de una madre con un suci… subce… ¿su…cedáneo? Y si era tan buena, entonces él ya lo estaba haciendo bien y sí era su padre de verdad.

—Nuria, reina.

—¿Sí, yaya?

—¿Vas a dejar que te cuente el cuento o me voy?

—Cuéntalo.

—Cierra primero los ojos y cuando crea que estás medio dormida sigo.

—Vale.

……

—Yaya.

—¿Qué?

—Ya me he dormido.

—Jajajaja, ¿y hablas en sueños? Voy a seguir igual, que es tarde. Chitón. ¿Por dónde iba? No, cállate, ya me acuerdo. Silencio.

—“El rey, mandó mensajeros a las casas más nobles todo lo ancho y largo de su reino, pero no obtuvo respuesta de ninguna. El rey no podía entenderlo. Creía que todas las grandes familias estarían deseando que sus hijas fueran reinas, sin embargo, nadie contestó a su llamada”.

—¿Y por qué sólo lo envió a casas nobles?

—Porque los nobles se casan con los nobles.

—¿Por qué?

—Para preservar la sangre azul.

—¿Si la mezclan con la de una campesina se les pone violeta?

—“COMO DECÍA, nadie contestó a su llamada hasta que, un día, cuando ya casi había perdido la esperanza, llegó a las puertas de su castillo una mujer hermosísima, la más hermosa que había visto nunca, con un enorme espejo como único equipaje. El rey se enamoró instantáneamente y en menos de una semana se casó con ella».

—Yaya…

—¿Qué?

—¿Ser guapa te hace buena?

—No.

—¿Y mejor madre?

—No.

—Entonces, ¿por qué…?

—Porque la vida es así.

—¿La vida o el cuento?

—Los dos. Calla y duerme.

—»La nueva reina se hizo muy amiga de la pequeña Blancanieves y demostraba un amor y devoción enormes por ella y por su padre. Todo era felicidad en el reino hasta que el rey cayó enfermo. La reina le cuidaba día y noche y, como tenía conocimientos de magia, no permitía que ningún médico se le acercara ya que ninguno llegaba a sus habilidades curativas. Pese a ello, un triste día, el rey murió. Blancanieves estaba desconsolada y se sentía sola, así que buscó consuelo en los brazos de aquella que le había dado más amor en la vida después de su padre, su madrastra la reina. Sin embargo, una vez enterrado el rey, la reina ya no volvió a ser la madre cariñosa que siempre había conocido.  Dejó de preocuparse por ella y, cuando no estaba aterrorizando a los habitantes del castillo, pasaba el tiempo en la torre más alta (dicen las malas lenguas) practicando la magia negra únicamente acompañada por su espejo. A menudo, los sirvientes que se acercaban a su puerta la escuchaban preguntar “Espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa de este reino?” y a una voz no del todo humana responder “Tú, mi reina, sin duda eres la más hermosa”».

—¿De qué murió el rey? ¿Le hicieron la “autopista”?

—¿La qué?

—La “autopista”. Eso que hace un señor cuando alguien se muere y así se sabe por qué ha sido.

—¡Ah, la autopsia! No, no le hicieron la autopsia.

—Pues qué tontos, porque está claro que lo envenenó la reina.

—Buffff, basta ya. ¿Quieres contar tú el cuento?

—Sí, mejor, porque veo que a ti se te olvidan las cosas y nada tiene sentido.

—»Cuando el rey murió, hubo una investigación, vinieron los señores esos de los muertos, le hicieron la “autopista” y vieron que había sido envenenado. Como nadie más había estado con el rey, la sospechosa principal era la reina, así que la “Policía de los Cuentos” fue a interrogarla. Cuando llegaron a su torre, ella huyó atravesando su espejo mágico y desapareció. La policía trató de hacer confesar al espejo, pero no dijo ni pío. Entonces, decidieron mandar a buscarla a su equipo especial, que eran 7. Sus nombres en clave  eran Sabio, Gruñón, Mocoso, Tímido, Mudito, Dormilón y Bonachón. La persiguieron por todo el reino y, al no poder encontrarla, emitieron una orden de busca y captura internacional extendida a otros cuentos “Muy, muy lejanos”, por si acaso. Al ver que no daban con ella, decidieron usar a Blancanieves como cebo ya que habían encontrado una cesta de manzanas envenenadas con una pegatina que decía “Para matar a Blancanieves”(además de joyas y otros trofeos que fueron identificados como pertenencias de las jóvenes que habían sido enviadas al “reqrimiento” de matrimonio del rey) y sabían que era la próxima víctima. La dejaron en una casa solitaria en el bosque diciéndole que era testigo protegido,  pero pusieron un montón de pistas para que la bruja la encontrara. La reina, que tenía una red de espías, la encontró y, disfrazada como una anciana con caramelos (porque Blancanieves era una niña y comía caramelos, no manzanas), la convenció para que la dejara entrar. El equipo especial de asalto, a la señal de Sabio, que era el jefe porque era muy listo, se abalanzó sobre ella para detenerla y llevarla ante la justicia. La malvada madrastra, que tenía un “quinto sentido” para estas cosas, volvió a huir, pero como no conocía el terreno se cayó por un “precincipio” y se murió.  FIN».

—Y así, Yaya, es como se cuenta un cuento sin dejar cabos sueltos.

—Pues a ti se te ha olvidado contar qué fue de Blancanieves. No le has dado un final al cuento.

—Pues muy fácil.  Cuando los enanitos volvieron a la casa, Blancanieves se había comido todos los caramelos de la cesta. Los enanitos fueron acusados de “negilencia” por dejar caramelos envenenados cerca de la princesa y fueron detenidos.

Y por eso, desde entonces, se les dice a todos los niños que jamás deben coger caramelos de desconocidos.

 

COLORÍN COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO.

 

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