Cuenta atrás – @BlasRGEscritor

BlasRGEscritor @BlasRuizGrau, krakens y sirenas, Perspectivas

Cinco.

Recuerdo ese día con cariño. ¿Cómo no hacerlo? Fue tan perfecto que ocupa uno de los lugares de privilegio en mi alma.

Me recuerdo feliz, radiante, exultante. Era mi día, en realidad, nuestro, pero para qué nos vamos a engañar, los ojos estaban puestos en mí. Al entrar por la puerta de la iglesia te noté nervioso, no había rastro en tu cara de esa seguridad que mostrabas día a día y que me enamoró perdidamente de ti. Ese día no, ese día te hiciste pequeño. Pero no me importó, pues sabía que conocías lo importante que era todo eso para mí, me querías con locura y sólo pensabas en que todo saliera a la perfección.

Cuatro.

Aquel viaje nos marcó. Hicimos el amor tantas veces como nuestros cuerpos pudieron aguantar, bebimos, mucho, reímos, más.

Paseamos con eternas charlas, tú me hablabas de tus sueños, yo te escuchaba como una boba enamorada. Hablamos de tener una familia, de comprar una casa enorme y dejar ese cuchitril alquilado. Nuestras esperanzas rebosaban, yo era feliz, tú eras feliz.

Tres.

Lloré cuando me enteré. Estaba sola, tú trabajabas. La noticia del ginecólogo me golpeó como una dura maza en toda la cabeza. No era fértil.

Ahí estaba la inexplicable explicación a tantos meses de búsqueda sin fruto. No era fértil. Mis sueños se desmoronaron, supuse que al decírtelo, tus sueños también. Pero dudé, dudé porque últimamente todo era más importante que yo. Tu trabajo, tus amigos, tus salidas en bicicleta, tus partidos de baloncesto. Todo, menos yo.

Cuando te conté la noticia, mis temores se vieron cumplidos. Tu cara de indiferencia fue peor que la noticia en sí. Me dolió. No era fértil. A ti eso ya no te importaba.

Dos.

El infierno sólo acababa de comenzar. Habías bebido. Mucho, supongo. O eso quiero suponer. Me pediste perdón una y otra vez, llorando como un niño pequeño. Puede que fuera esa estupidez lo que me ablandó, pero mi cara, marcada con tu mano, reflejaba en el espejo lo que acababa de suceder. Quise pensar, oh, imbécil de mí, que no fuiste consciente de tus actos. Lo quise pensar esa y las tres veces siguientes.

Oh, imbécil de mí.

Uno.

Cuatro años han pasado desde que comenzaste a pisotearme como a una colilla. Cuatro años en los que he esperado, como una tonta a que todo cambiaría, a que ese hombre nervioso del altar, volvería. Ilusa de mí pensé que estaba sola, que jamás podría subsistir sin tenerte a mi lado, que me eras necesario, que te quería.

No, no te quiero, te odio tanto que sólo te deseo la muerte. Pero no, no te daré ese placer, no te quitaré tan rápido ese sufrimiento que siempre te acompañará. Ahora sé que no estoy sola, que puedo, que me lo merezco.

Hoy recupero mi lugar, ese que perdí el día que me entregué sin pudor a ti, ese que pensé que el amor todo lo podía. Vete a la mierda, no me busques, no me encontrarás.

Ahora cojo mi maleta, este portazo que daré simboliza mi cambio, mi vida lejos de ti. El amor no es entrega, el amor no es sumisión.

Que te follen.

Cero.

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