¿Cuándo te casas? – @LaBernhardt

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Mecagoenlaputa de la llave, que abras, que notengootra.

No ha venido el cerrajero por impago, repasas los recibos, que no, que yo lo he pagado todo, joder, que solo es la puta puerta que no quiere abrirse. Espera, que éste dice que puede abrirla, ¿Hugo?, ¿en serio se llama Hugo? Ay, joder, que no, que me dejes, que yo puedo, que te bajes los tres pisos sin ascensor, que yo puedo y que no quiero follar. Eso no lo he dicho, que no voy lo bastante ciega.
Y el pobre se va, madremía, suerte he tenido que no se ha puesto baboso. A ver, céntrate en la puta cerradura: ábrete ( no, joder, no te rías, no: Sésamo, no. No hay cuento que la abra esto si no lo haces tú).
Me acerco a la cerradura y le digo que se abra, que me meo, que necesito entrar porque la he liado, que ya se lo cuento mañana, o no, pero que se abra, coño.
Y se abre.
Se abre y respiro porque me quito los tacones y me dejo el vestido en el pasillo. Puta vida, que no me lo quita nadie pero qué maravilla, que ahí dentro ya no cabía más cuerpo que el mío, sin el alcohol.
Llego a la cama y es el paraíso porque las sábanas están frías pero se calentarán y es el paraíso porque puedo, y lo haré; eso de dejar de vivir este momento de mierda.
Hace calor y ya no estoy en la cama, ¿estoy dormida, entonces?… joder, en serio, que yo me trago el Orfidal doblado para olvidarte, no para que te me cueles en el descanso. Y nada, oye, que estoy ahí, aquí, allí… contigo. Hace calor y cervezas. Y risas y promesas. Promesas que ríen, se ríen del futuro porque todavía es nuestro. No sé cuándo cambia todo pero es de noche y te veo, pero estás mayor… ¿y yo?, ¿yo también he envejecido? Me dices que todavía nos queda Buenos Aires, ¿qué dices, si no hemos salido de España? y tú, con canas, que sí, que sí, mi niña, que esto es un sueño y todavía queda mucho mundo por viajar.
Me duermo, de verdad, porque si abro los ojos, poto, y no apareces. No estás, sólo estoy yo; qué guapa, qué sola y qué imbécil porque no me despierto. ¿Dónde están las pelis de terror cuando hacen falta?, ¿dónde ese pellizco que me devuelva a mis sábanas frías, ahora?
Ay, veo un ramo de flores, es cierto y es tuyo y no sé qué hacer porque ni el sueño me quiere dormida. Solo cierro los ojos para que vuelvas y me digas que sí, que estás. En sueños y en carne. Qué sólo y que siempre.
Otra vez este bucle que es sueño borracho y no sé dónde me lleva… Alicia, me acuerdo de ti, supongo que esta mierda de caída libre es viajar a WonderLand.
Sigues aquí, me cuentas que ese ramo de flores es tu Te quiero, tarde, como siempre y real, como nunca, que no dé un paso más… que no, que no siga porque todo es oscuro, luego. Y yo, que estoy durmiendo te beso y te digo: «no seas tonto, que tú eres mi siempre, que no voy a dar un paso sin ti, que quiero más ramos, más de ti, más siempre…»
No me escuchas porque miras lejos. No estás y creo que yo sueño; sueño borracha que estás y no sé dónde está la puerta de salida que me agarra y me retiene, que me dice que no, que todo no es un sueño, que no tenía razón Calderón porque los sueños, a veces, no son sueños.
Creo que son las 6 de la mañana, creo, y si me muevo, si respiro, me rompo. Ya no sueño porque me duele el corazón y no es por amor, que no; es porque los Caciques me los he tomado con Coca-Cola. Me cagoentodo, como si el mundo tuviera todavía 20 años.
Te he visto, te he visto y te he mentido; esta vez he sido yo, que no, que esta fiesta no es para mí, que no me caso, qué bonitas tus flores, que qué tal todo, que qué tal tú.
Creo que me duele el cuello, tengo algo que me molesta.
Me levanto y el mundo se ríe de mi resaca, hijoputa, y me quito lo que me sobra y es una banda, rosa para más desgracia: viva la novia, dice.
Alcanzo el móvil, un wassap: el tuyo: «¿Cuándo te casas?».

 

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