Correr tras el viento – @relojbarro

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He acabado mi carta de Reyes Magos. Este año no volveré a pedir lo que nunca me llegó hasta la fecha. No pediré un peluche de «Mogwai», el libro «Shogun», un piano, tirarme en paracaídas, ir a París, ver un concierto de ópera o un fin de semana en un hotel con jacuzzi; prácticamente todo eso lo he conseguido por mí mismo, pero aún hay cosas que deseo para mí y para otras personas, como algo que no pude conseguir hace poco: que ella pudiera correr tras el viento, que notara el viento en su pelo una sola vez más.

Cuando llegas al punto de valorar algunos detalles como lo que son, magia, los artificios, la grandilocuencia, la opulencia, las letras pomposas, los caprichos caros o los actos vanidosos te parecen del todo innecesarios, de una banalidad vana y fútil, pero, en contrapartida, no alcanzar un simple detalle me frustra, y en esas me hallé hace poco, frustrado, impotente.

Acaricié el dorso de su mano, la cogí delicadamente, igual que hacían conmigo de pequeño mientras yo fingía dormir acostado en la cama, con un par de diferencias importantes: yo sí notaba la caricia y yo no estaba en una cama de hospital.

Tener los ojos abiertos sin poder ver, respirar sin notar tus pulmones, que te toquen sin que notes calor, que suene música y no puedas vibrar, que te llamen por tu nombre y no te reconozcas, que te acaricien el pelo y no te relaje, que te cojan la mano y no notes la sangre de esa persona fluir por ella, que grites y nadie te oiga, que estés…sin estar.

Pasar los días en un hospital sin esperanza es una muerte lenta y amarga, para el paciente, para la familia y para los amigos. Es algo inevitable, vida y muerte, inseparables, lo sé, por eso mismo hago todo lo que puedo por no perder de vista que el tiempo es implacable, que sólo lo vencemos viviendo. A veces la rutina, la «zona confort», las personas vacías y tóxicas que nos rodean, los egoístas, los amargados, nos descentran y nos roban tiempo vital, por eso este año mi deseo será claro: disfrutar de mi tiempo y compartirlo con quien lo valore como lo que es, vida.

Y correr tras el viento, al menos una vez más, por ella.

Dedicado con todo cariño y respeto a E. R. D., que hoy hubiera cumplido un año más.

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