Contigo el adiós no existe – @_Marla_Sercob

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Puedo decir con absoluta precisión desde cuándo. Hace exactamente 186 días que me faltas.

Y desde entonces respirar no resulta fácil. Porque en el momento en que me dicen que te mueres mamá, la vida frenó de golpe. Y el corazón saltó por los aires haciéndose miles de fracturas al caer.

Con el paso de los días todo es ocupado por la tristeza que ya nunca podré quitarme de encima, porque algunas heridas se pueden dejar atrás, pero otras como esta, se quedan para siempre mordiéndome la carne. Quemando tanto, que no pueden cicatrizar.

Y en las noches de insomnio, es cuando la soledad se hace tan palpable que se toca y todo se vuelve caos y desgarre y vértigo. Porque la muerte jamás te dice lo que debes sentir. Directamente, a modo de vómito, te lo provoca.
Los recuerdos se vuelven tan tercos, que se amontonan como armas de doble filo por los rincones de la casa, mientras me cuentan en forma de remordimiento aquellas veces que tuve demasiada prisa o que dije cosas que no debí. Y todo se acerca más al llanto que de costumbre. Y todo se llena de monstruos y fantasmas. Y cuando termina la noche pero aun así tampoco llega el día, descubro que la muerte es esa parte de la vida que has dejado vacía mamá, para que ya nadie lo volverá a ocupar.

No resulta extraño que en situaciones así, un día puede parecerse al anterior. Tanto, que algunos días me cuesta distinguir si hoy es hoy o todavía sigue siendo ayer. Y el futuro se desdibuja y el camino se borra, por culpa de la pesadilla de no volver a decir en alto “mamá”, por no ver más tu número en la pantalla de mi móvil, por miedo a olvidar tu voz, por ya no hacer más planes, por la violencia de los últimos recuerdos con el aliento de la muerte tan de cerca, haciendo que sea ese el lugar más frío y el momento más oscuro. Pero te prometo, que pase lo que pase, siempre serás esa luz al final de todos los túneles que todavía me quedan por pasar.

Perdóname mamá, te he querido tanto que no he sabido hacerlo mejor. Y por favor, dale un beso de mi parte a papá. Donde quiera que estéis, ahí también os quiero.

Prometo que volveremos a vernos.

Lo sé.

 

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